Enrique Escobedo

La infraestructura se define como un conjunto de soportes, dotaciones o servicios necesarios que están debajo o detrás de una ciudad, un inmueble o una nación. Es decir, la infraestructura es la parte sólida que resiste a la estructura. Por lo que respecta a las ciencias sociales la infraestructura es la base intelectual y productiva de una sociedad que articula, en calidad de cimiento, a los aspectos políticos, jurídicos, ideológicos culturales y económicos de una nación.

Un país con infraestructura se refiere, por lo tanto, a dos grandes vertientes. La primera alude a los aspectos físicos como carreteras, presas, escuelas, hospitales y servicios eléctricos y, la segunda, se centra en la formación, educación, capacitación, actualización y adiestramiento permanentes de su gente.

México es un país que tiene déficit en ambas vertientes. En la primera es tan evidente que tan sólo cinco estados de la República concentran el 55% del PIB nacional (CDMX, Estado de México, Nuevo León, Jalisco y Veracruz). Por el otro lado, el malogro de infraestructura intelectual es endeble por muchos motivos, algunos de ellos son multifactoriales debido en buena medida a las siguientes causas: el relajamiento en la disciplina y rigor académico, la llamada Nueva Escuela Mexicana no está diseñada para estimular la investigación y no fomenta la infraestructura informática necesaria y suficiente en materia de Inteligencia Artificial. Peor aún, no se articula con los desafíos de la Inteligencia Artificial.  Los programas sociales de la gestión anterior y de la actual eliminaron el rubro alimentario, consecuentemente un niño sin proteínas animales y vegetales difícilmente desarrollará su potencial neuronal. Aunado a dicho diagnóstico, las instituciones públicas de educación superior, con excepción de la UNAM y del IPN, han vista mermar el subsidio federal. Situación grave, pues la falta de recursos financieros se destina a sueldos y salarios en detrimento de la investigación.

Otro elemento que impacta en el déficit de la infraestructura intelectual es que a la industria mexicana le sale más barato importar ciencia y tecnología que estimularla en investigaciones nacionales y sus consecuentes patentes. Triste, pero entendible. Además, nuestra nación vive eso que denominamos “fuga de cerebros”, léase, nuestros talentos intelectuales tienen mejores oportunidades laborales en el extranjero y prefieren quedarse a vivir e investigar sobre todo en estados Unidos, Canadá y Europa.  

Deprimente la situación en el rubro que hoy nos ocupa. Sobre todo, porque un país sin infraestructura intelectual será cada día más dependiente del exterior y menos soberano en su desarrollo científico y tecnológico. De continuar por el sendero de la mal entendida austeridad, México no tendrá infraestructura física y mucho menos intelectual. Son proyectos de largo plazo y la semilla se siembra ahora.    

La aprobación o reprobación de un gobierno no se mide por la popularidad de un gobernante, sino en su capacidad de construir infraestructura física e intelectual a la par que proyecta y despliega calidad de vida sin sacrificio social .