Francisco Rodríguez  

En su artículo semanal publicado este último sábado, el gran historiador coahuilense don Rodolfo Villarreal Ríos revive las palabras del doctor José María Luis Mora, a quien él mismo califica como “pilar fundamental del Liberalismo Mexicano”  

Mora calificaba ya desde el siglo XIX a la milicia como “la segunda clase privilegiada” y que ““nada parece más natural al militar mexicano que sublevarse contra una Constitución y deponer a un gobierno que trata de someter la clase a que pertenece, ya sea sujetándola a las leyes que le son peculiares, o ya sea reformando éstas en todo o en parte…”  

“… los hombres de esta clase se creen con derecho exclusivo o a lo menos preferente, a ocupar todos los puestos públicos y a consumir las rentas nacionales.”   

Y acota Villarreal Ríos: “A no dudarlo, esa fue la actitud prevaleciente durante el siglo XIX y ya vimos cómo nos fue.”  

Y el escribidor bien podría agregar que peor nos puede ir ya en pleno siglo XXI.  

Porque, aunque no todos los militares de nuestro tiempo están de acuerdo con la reforma anticonstitucional a la legislación que se discute desde este lunes en el Senado de la República  –luego de que en la Cámara de Diputados fue aprobada por la acrítica mayoría del Movimiento de AMLO y por la menguada y chantajeada minoría priista– la extendida permanencia de soldados y marinos en las calles en la disminuida calidad de cuicos o policías viola flagrantemente el texto vigente de la Carta Magna en cuando menos media docena de sus artículos.  

Y ni qué decir de la actuación del propio presidente de la República Andrés Manuel López Obrador que, en esta materia, hace caso omiso de un artículo constitucional.  

Violaciones que también se observaron en el controversial discurso del general de cuatro estrellas Luis Crescencio Sandoval, mismo que seguramente refleja su pensamiento y da razón a su muy discutible actuación al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional.  

Sandoval desconoce derechos humanos y garantías  

AMLO, quien tiene como dogma desobedecer las normas –“y no me salgan con que la ley es la ley”, espetó en alguna de sus matinés palaciegas no hace mucho– violentó el 89 constitucional que en ninguna de sus 20 fracciones lo faculta para hacer caso omiso de lo que expresamente señala la propia Carta Magna.  

En el mismo sentido, el Congreso de la Unión ha violado completita la Sección Tercera de la Constitución –artículos del 73 al 78–, en donde se señalan puntualmente cuáles son sus facultades y obligaciones. Ninguna de ellas le confiere las atribuciones ni las licencias que se han dado en estos días de pisotear por el texto aprobado, desde 1917, por el Constituyente Permanente.  

Lo mismo ha hecho en su muy criticada alocución el general secretario de la Defensa Nacional con su muy criticado discurso del martes 13 de septiembre que –si él fuese supersticioso– le resultó de muy mal fario. Y es que ¿acaso se le olvidó a Sandoval que la Constitución en sus primeros 29 artículos consagra los derechos humanos y las garantías individuales, muy en especial el 6°, que habla de la libre manifestación de las ideas…   

…  el 7° sobre la inviolabilidad de la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio…  

… y de que ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni coartar la libertad de difusión…  

… el 8°, que lo obliga a respetar el ejercicio del derecho de petición, siempre que ésta se formule por escrito, de manera pacífica y respetuosa…  

… el 9°, que le impide coartar el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito…  

¡Uf, mi general, se pasó usted a la Constitución por allá abajo del cinturón!  

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