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Hungría: Cuando el voto derrota al autoritarismo

  • Jubilosas multitudes celebrando en Budapest

Por Rubén D. Arvizu

Esta mañana del 12 de abril de 2026, mientras escribo estas líneas, miles de húngaros celebran en las orillas del Danubio en Budapest. gritan:”¡Lo logramos! ¡Lo hicimos!” Después de 16 años, Viktor Orbán ha concedido su derrota electoral ante Péter Magyar y su partido Tisza — con más del 53% del voto y una participación histórica del 77%, la más alta desde la caída del comunismo.

Para quienes conocemos Hungría de cerca, esta noticia tiene un sabor profundamente especial.

He vivido momentos inolvidables en ese país. Como representante de The Cousteau Society, recorrí su territorio, conocí a su gente y sentí de primera mano la alegría de un pueblo que había sacudido las garras de la Unión Soviética. Después tuve el privilegio de trabajar en Budapest, en los estupendos estudios Mafilm establecidos en 1946, dirigiendo producciones de doblaje para Warner Brothers — entre ellas Space Jam -El juego del siglo), con los inolvidables Looney Tunes y Michael Jordan; El Gigante de Hierro, esa maravillosa animación con un poderoso mensaje antinuclear que habla al corazón de los niños y los adultos por igual; y la renovación completa del doblaje de los Looney Tunes. Mi última visita fue en 2008

Por eso el ascenso de Orbán en 2010 me dolió como una traición a todo lo que Hungría había conquistado con tanto esfuerzo, ese pueblo valiente y culto.

Poco a poco, en nombre de una supuesta “democracia iliberal”, Orbán fue desmantelando instituciones, controlando la prensa, sometiendo el poder judicial y alineándose con Vladimir Putin. Recientes revelaciones demostraron que un alto funcionario de su gobierno compartía regularmente el contenido de las discusiones de la Unión Europea con Moscú.

Trump y su vicepresidente JD Vance hicieron hasta lo imposible por salvar a Orbán — Vance viajó a Budapest la semana pasada en un intento descarado de impulsar su campaña, y Trump prometió el “pleno poderío económico de Estados Unidos” si Orbán ganaba.  No funcionó y sus gritos de enojo ya se están escuchando.

Magyar, quien prometió reconstruir los lazos de Hungría con la Unión Europea y la OTAN, declaró: “Hoy fue una celebración de la democracia.” La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo celebró con una frase que resume todo: “El corazón de Europa late más fuerte en Hungría esta noche.”

Lo que ocurrió hoy en Hungría es una lección que el mundo necesita escuchar: el voto es el instrumento más poderoso que existe en una democracia. No los algoritmos, no el dinero, no la propaganda. El voto.

Diversos analistas consideran que la derrota de Orbán podría ser el inicio de la caída de varios movimientos populistas de derecha en el mundo, incluido el trumpismo, que se había alineado estrechamente con Orbán.

Hungría, ese país de cultura milenaria, de ciudades hermosas, de gente que bailó en las calles cuando cayó el muro de Berlín, — acaba de demostrarnos que la democracia no muere mientras el ciudadano no renuncie a su voto.

Yo, que la conocí y la quiero, hoy celebro con ellos desde la distancia.

¡Éljen Magyarország! ¡Viva Hungría!

Rubén D. Arvizu, escritor y ambientalista.