Familias que lo perdieron todo no pueden contener las lágrimas. “Salimos con lo que traíamos puesto y nos quedamos sin nada”, dicen algunos de los habitantes.
Leticia Jiménez ha tenido que romper la puerta de la casa de sus padres para entrar al inmueble ubicado a unos metros del río Tula, que se desbordó la madrugada del martes pasado y dejó, además de la de Leticia, cientos de viviendas bajo el agua.
“Mire hasta aquí llegó el agua, son unos dos metros y medio”, muestra a Efe.
En medio del lodo, apunta los muebles ya inservibles que permanecen flotando y que todavía no sabe cómo va a sacar, pues aunque ha pedido ayuda a los miembros de la Guardia Nacional no la ha recibido todavía.
“Yo sé que tienen mucho trabajo, pero aquí (los necesitamos) también. Si nosotros no desazolvamos aquí, a los vecinos de atrás les vamos a volver a inundar su casa”, argumenta desesperada.














