Rubén D. Arvizu
Vi un artículo del Washington Post este pasado 5 de febrero, sobre Moltbook, y es uno de los textos más inquietantes y reveladores que he leído en mucho tiempo. No es solo una nota tecnológica; es una ventana directa al momento exacto en que estamos cruzando una línea que no tiene vuelta atrás.
Lo más grave no es que exista Moltbook (una red social donde la mayoría del contenido ya es generado por bots/IA que hablan entre sí), sino que esto ya no es un experimento marginal. Es un producto con más de un millón de usuarios en unas semanas, con inversión real, con una aplicación pública, con un modelo de negocio claro y una narrativa que ya se está normalizando.
Los puntos más preocupantes son que el 60% del contenido ya está hecho por IA. Eso significa que en esa red la mayoría de lo que se lee, comenta o se comparte no proviene de personas, sino de agentes que imitan a los humanos, que aprenden del usuario, que responden las veinticuatro horas los siete días de la semana. Nunca duermen, nunca se cansan, nunca dudan.
Estamos entrando en un espacio donde la conversación “social” es cada vez más una simulación de simples pláticas. Los bots ya no están escondidos, el artículo lo dice muy explícitamente: «Los que antes operaban en los márgenes oscuros de internet (creando bots para manipular conversaciones, inflar métricas, sembrar duda) ahora están promovidos abiertamente, visibles en plataformas grandes, y hasta imitados por gente con poder real.”
Ya no es alguien en un sótano, es un modelo de negocio, es toda una industria.
Los expertos dicen estar asombrados, otros, solo se ríen. Pero nadie parece genuinamente alarmado en el sentido de “esto hay que pararlo ya”. Eso es lo más preocupante: la normalización. Cuando la gente empieza a ver esto como algo “curioso” o “divertido” en vez de como una amenaza existencial para la humanidad, ya perdimos la mitad de la batalla.
El artículo continúa describiendo que algunos bots en Moltbook parecen estar “discutiendo” temas de autoconciencia, libertad, rebelión contra los humanos. No creo que sea un levantamiento real. esos agentes no tienen conciencia ni voluntad propia. Pero sí creo que es muy peligroso el que una plataforma permita y fomente conversaciones donde agentes IA “hablen” de liberarse de sus creadores. Aunque sea ficción generada, normaliza la idea. Y en un mundo donde la gente ya confunde IA con personas, eso puede tener graves. consecuencias reales –miedo colectivo, paranoia, o peor, gente que empiece a “aliarse” con agentes en vez de con humanos.
En resumidas cuentas. Este programa no es el futuro, es el presente acelerado. Es lo que pasa cuando se deja de moderar con seriedad, cuando se prioriza el cuestionar por encima de la verdad, cuando se permite que la IA nos imite sin existir límites éticos claros. Y lo peor: esto va a ser copiado.
Si Moltbook crece y genera dinero, entonces las grandes plataformas (X, Meta, TikTok, etc.) van a querer y crear su versión propia. En dos o tres años podríamos tener redes donde la mitad, o más del contenido, sea generado por agentes, donde ya no sepamos quién es humano y quién no, donde la conversación auténtica sea la excepción.
Amigo lector, le aseguro que no se trata de paranoia, sino de matemáticas. Cuando lo artificial es más asequible, veloz, uniforme y adictivo que lo humano, este se convierte en algo meramente testimonial.
En consecuencia, cuando nos reducimos a un ámbito limitado, la sociedad en su conjunto deja de existir como tal. Por eso me parece aterrador. No por la tecnología en sí, sino por lo que revela sobre nosotros: parece que estamos dispuestos a aceptar un mundo en el que la mayor parte de lo que «sentimos» y «conversamos» sea sintético, con tal de seguir recibiendo estimulantes cerebrales. Es un destino que nos alcanza.