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Guerra existencial

Bernardo López

Por qué en 2026 se nos hace extraño que un evento como el Masters de Augusta esté prohibido usar celulares y smartphones, cuando hace apenas en la década de los 90’s estos dispositivos no eran el centro de la convivencia, pues únicamente servían para realizar llamadas ocasionales ya que todas las personas no necesitaban intermediarios electrónicos para socializar.

Los conciertos y todo espectáculo hasta la década de los 90’s se podían vivir, ahora, cuando vas a escuchar a un grupo musical lo primero que ves es a todas las personas sacando su celular y grabando, dejando de lado el disfrute de la música y el vínculo con las personas: ¿Si quieren ven un concierto mediante una pantalla, no sería mejor que lo vieran por una plataforma de streaming en sus casas?

Lo mismo sucede en las calles, cuando se podía ver decenas de niños jugando con cualquier ocurrencia: perseguirse por los parques, pateando una pelota, intentando socializar y conocer a la otredad. Eso ya es una excepción y podría convertirse en ciencia ficción, pues hoy toda la realidad que llegan a conocer los niños y jóvenes es insuflada por las redes sociales.

El asunto es que se está perdiendo la capacidad sensorial, pues la gran mayoría se encuentra ensimismada en los videos cortos de Instagram, Reels o Tik-Tok -el cuál tuvimos la oportunidad de probar en sus inicios y sí pudimos comprobar que lo simple de sus imágenes y mensajes provocan una sensación de satisfacción.

Los daños psicológicos que provocan las redes sociales en niños y adolescentes ya fueron confirmados mediante un juicio, donde se analizó si estas provocan adicción, y se halló que empresas dueñas fueron negligentes por elaborar productos que dañaban a los niños y adolescentes y fallaron en advertir sobre los peligros de la ingeniería social que hay detrás de su tecnología.

Tuvo que ponerse en el foco de atención a Kaley G.M. para que se tuviera un argumento que señalara la adicción que provocan las redes sociales en niños y adolescentes, pues la víctima relató durante su testimonio que comenzó a usar las redes sociales antes de que fuera adolescente, dominando su vida y provocando problemas mentales como depresión y dismorfia corporal, aseveró que “Quería estar en las redes todo el tiempo; si no estaba en ellas, sentía que había extraviado algo”.

Existe un problema social muy grave que rebasa la discusión entre izquierdas o derechas. En el 2026 lo importante es la guerra existencial que se lleva contra los humanos al intentar normalizar la introducción “amigable” de robots en la sociedad, para que después sean utilizados para el control y dirigir al mundo a la distopía del esclavismo digital, en el cual los humanos son un apéndice de los humanoides y la inteligencia artificial.