·         El primer aniversario del huracán Otis se cumplió, dicho fenómeno dejó cicatrices imborrables en la costa del Pacífico mexicano, y especialmente en el puerto de Acapulco

·         El puerto quedó al desnudo con la sorpresa de Otis, y pocos imaginaron que un año después enfrentarían el embate de otro ciclón de alta intensidad: el huracán John

María Escalante García

El primer aniversario del huracán Otis se cumplió, dicho fenómeno dejó cicatrices imborrables en la costa del Pacífico mexicano, y especialmente en el puerto de Acapulco. La tormenta, que se convirtió en un poderoso huracán categoría 5 en cuestión de horas, rompió récords de intensificación para el Pacífico, dejando a su paso casi 70 personas fallecidas y una devastación que aún impacta en la vida de miles de residentes y empresarios de la zona.

La vulnerabilidad de Acapulco quedó al desnudo con la sorpresa de Otis, y pocos imaginaron que un año después enfrentarían el embate de otro ciclón de alta intensidad: el huracán John.

Otis fue un huracán sin precedentes en el Pacífico. En apenas 12 horas pasó de una tormenta tropical a un ciclón de categoría 5, una velocidad de intensificación que tomó por sorpresa a meteorólogos y autoridades. Este fenómeno puso en evidencia los retos del cambio climático y su impacto en los patrones climáticos, generando una necesidad urgente de revisar los sistemas de alerta y respuesta en México y en la región.

La devastación fue tal que las comunicaciones, redes eléctricas y sistemas de abastecimiento de agua colapsaron casi de inmediato, dejando a Acapulco en un estado de emergencia durante semanas.

Miles de habitantes siguen reconstruyendo sus hogares y negocios, muchos de ellos dependientes del turismo, uno de los sectores más golpeados. Sin embargo, las cifras de recuperación económica son desalentadoras, y los pobladores luchan con los recuerdos de una noche de terror que sigue presente en su vida cotidiana.

Sobre la avenida Costera Miguel Alemán, desde la glorieta de la Base Naval hasta la playa Caleta, se observa una gran cantidad de restaurantes, condominios y tiendas totalmente destruidas y en completo abandono, por lo que algunos han decidido cerrar.

El hotel Dreams, cerca de la Base Naval, continúa con trabajos de reparación, sobre todo en la fachada de su edificio. Mientras que, a un costado, el condominio de tres torres conocido como Las Joyas, se observa severamente con afectaciones en ventanas y paredes.

Metros más adelante, los restaurantes McCarthy’s Irish Pub, así como Sushi Itto, mantienen cerradas sus puertas y no se observan labores de mejora en las instalaciones ni tienen fecha para iniciarlas.

En la tienda Señor Frogs, ubicada cerca del fraccionamiento Costa Azul, a un costado de la Casa de la Cultura en la Costera, se aprecian los daños que dejó el huracán en su fachada, la cual está cubierta por tablas, además de que sus artículos fueron saqueados.

Más adelante se encuentra el supermercado Soriana Costa Azul, el cual está completamente cerrado e incluso con un letrero de “se renta predio”. A lado está el restaurante Brooklyn Sports House, el cual decidió cerrar sus puertas y colocar un anuncio en renta.

El emblemático hotel El Cano, en Acapulco, decidió cerrar sus puertas y mantener trabajos de remodelación para ofrecer los edificios como nuevos departamentos. Las calles de la zona se encuentran cerradas y cubiertas de escombro.

Un Nuevo Embate

El huracán John, que azotó la región en septiembre de este año, agravó una situación que ya era desesperante. Aunque la intensidad de John fue menor, sus lluvias torrenciales y fuertes vientos empeoraron las condiciones de infraestructura, con más derrumbes, cortes de energía y daños en viviendas. El segundo huracán puso en evidencia la fragilidad de una ciudad que aún no se había levantado de la tragedia pasada, y sus habitantes vieron cómo sus esfuerzos de reconstrucción fueron revertidos en cuestión de horas.

Lecciones para el Futuro

A un año de la tragedia de Otis, queda claro que Acapulco necesita una transformación estructural en su sistema de prevención y respuesta a desastres naturales. El cambio climático y el incremento en la frecuencia de estos fenómenos exigen una infraestructura más resistente y sistemas de alerta temprana eficaces. Los habitantes han demostrado una resiliencia admirable, pero la ayuda y el apoyo sostenido son fundamentales para que esta comunidad pueda sanar y reconstruirse.

El aniversario de Otis y la reciente experiencia de John no son solo recordatorios de la fuerza destructiva de la naturaleza, sino también llamados urgentes para preparar y proteger a las comunidades costeras de México. En palabras de muchos acapulqueños, «hoy estamos más fuertes, pero necesitamos un gobierno que esté a la altura de los desafíos del clima extremo que nos rodea».