Rubén D. Arvizu

Según un nuevo análisis del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), dado a conocer por el Sunday Times de Londres y otros prestigiados medios internacionales, el apocalíptico escenario del calentamiento global para finales de siglo —un aumento de 4.5°C— ya no se considera el más probable. Ahora estiman un máximo de 3.5°C.

La noticia podría parecer esperanzadora, pero no debe tranquilizarnos. Un planeta 3.5°C más caliente seguiría enfrentando ciudades costeras totalmente inundadas, ecosistemas colapsados, cosechas fallidas y cientos de millones de personas desplazadas. Por si eso fuera poco, hay un factor que podría hacer que incluso esta proyección se quede corta.

El enorme consumo energético utilizado por la inteligencia artificial (IA) se está convirtiendo en uno de los mayores desafíos del presente. Los gigantescos centros de datos que alimentan a la IA requieren cantidades descomunales de electricidad. Imágenes recientes muestran enormes densas y oscuras columnas de humo contaminando la atmósfera constantemente desde estas instalaciones, la mayoría de ellas alimentadas por combustibles fósiles. El proceso de enfriamiento, además, genera enormes volúmenes de agua contaminada que ya no puede ser reutilizada.

Este consumo desmedido agrava el calentamiento en un momento crítico. Lo más preocupante es que, en lugar de acelerar la transición hacia energías renovables, el gobierno del presidente, Donald Trump, anuncia la cancelación de ayudas valoradas en más de 8,000 millones de dólares para 223 proyectos de energía eólica, mientras insiste en aumentar el uso de petróleo y carbón.

Si continuamos por este camino, la proyección de 3.5°C podría volverse optimista. El riesgo de superar los 4.5°C sigue latente, impulsado por decisiones políticas suicidas que priorizan los intereses de los productores de hidrocarburos sobre la supervivencia colectiva.

Descender del peor escenario posible no es una victoria. Debe impulsarnos a actuar con mayor responsabilidad y coherencia. La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero si su desarrollo depende de un modelo energético sucio y depredador, estaremos cavando nuestra propia tumba más rápido de lo imaginado.

Rubén D. Arvizu — Escritor y ambientalista

Director General para América Latina – Ocean Futures Society de Jean-Michel Cousteau.