Moisés Sánchez Limón

¿Al culto Enrique Peña Nieto no hay quien lo defienda?

Se equivocan quienes piensan que el expresidente está solo y puede ser llamado a cuentas por la justicia en cualquier momento. Pero, ¿quién lo defiende?

¿Luis Videgaray? ¿Raúl Cervantes Andrade? ¿Miguel Ángel Osorio Chong? ¿Emilio Gamboa? ¿Luis Miranda?, por citar a algunos de los prohombres del sexenio dorado; nadie de aquellos que hizo pingües negocios y se alzó con algo más que el diezmo en las proveedurías ha tenido el valor de defender públicamente a quien fuera su jefe. Nadie.

Al contrario, ahí tiene usted al sibarita Emilio Lozoya Austin que, con tal de salvar el pellejo lo acusó de haberse beneficiado de la corrupción desbordante en Petróleos Mexicano. El mejor ejemplo de traición y deslealtad.

Esos poderosos integrantes de aquel gabinete lo niegan y oran porque no los toque una foja de las carpetas que se presume están abiertas en la Fiscalía General de la República. Aunque, a decir verdad, a esas carpetas han ido sumándose las relacionadas con las pillerías que los honestos de la 4T han cometido y cometen.

Un ejemplo es el caso de la empresa Seguridad Alimentaria Mexicana (a) “Segalmex” que fue creada por orden de Su Alteza Serenísima para darle chamba a su ex protector y amigo Ignacio Ovalle Fernández, y que recordara los tiempos en que dirigió la Coplamar, el Sistema Alimentario Mexicano y luego la Conasupo.

¿Y qué cree?

Ovalle, antes de tomar formalmente posesión del cargo, se dedicó a hacer millonarios negocios bajo el amparo de la empresa cuya tarea es atender a pobres y trabajadores del campo con la canasta básica y semillas mejoradas y fertilizantes a bajos precios.

Bien por el gran corazón del licenciado presidente que se preocupa por sus cuates y compañeros de juventud, con los que jugaba beis y canicas y ahora les da chamba pese a que carecen de experiencia pero son rete honestos.

Aunque, ya sabe usted, nunca falta el negrito en el arroz –sin que suene a discriminación–, y resulta que Nacho Ovalle salió bien transa y pese a que se le documentó responsabilidad en la galopante corrupción que irrumpió en la Segalmex, Su Alteza Serenísima optó por arroparlo con la impunidad y, por supuesto, no lo echó del gabinete: en abril de este año 2022 de inmediato le dio chamba en la Secretaría de Gobernación.

Seguramente le encargó a Adán Augusto López Hernández que lo cuidara y le aplicara marcaje personal para que no haga negocios como coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (a) “Inafed”.

Pero, estábamos en la gran interrogante de quién defiende al licenciado Enrique Peña Nieto, quien se la pasa sufre y sufre en Madrid, apanicado porque el trabajador y filósofo Pablo Gómez, experto en curules y escaños, como jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera le descerrajó un plomazo de salva con aquello de que lo investiga por supuesto lavado de dinero.

¡Recórcholis!

Mire usted. En la mañanera de inicio de semana, la colega Dalila Escobar, reportera de Proceso alzó la mano y expuso.

–Presidente, preguntarle, bueno, esto, lo que le mencionaba, es de acuerdo a informes de la extinta Dirección Federal de Seguridad, pero preguntarle, usted menciona que en el informe del caso Ayotzinapa no se habla de una orden de aprehensión en contra de Peña Nieto; sin embargo, usted ha mencionado en diferentes ocasiones que no hay ninguna decisión de ningún subalterno que no sepa el presidente de la República.

¿No estaría siendo el mismo caso, de que él supiera la verdad histórica, además, por orden presidencial de que tomara el control total Murillo Karam y que no lo denunciara? ¿No lo hace cómplice y sujeto a una orden de aprehensión?

¿Y qué cree que respondió Su Alteza Serenísima? Lea usted.

Pues eso el juez lo va a decidir. Eso sí está muy difícil que pase cuando está uno pendiente (que no hay decisión de ningún subalterno que no sepa el Presidente), pero también no podemos adelantar ningún juicio, esto tiene que resolverlo el juez y adelante”, dijo el licenciado López Obrador.

No se ría, por favor.

Y por si tiene usted alguna duda de lo que opina y ordena el fiscal López Obrador, ahí le va otra perla.

Poco antes, la licenciada Shaila Rosagel, representante del consorcio periodístico Healy, que parece está entre las prioridades del escritor Jesús Ramírez, le dijo a Su Alteza Serenísima que “los muchachos de la Normal Ayotzinapa están pidiendo la detención del expresidente Peña Nieto, quieren que la justicia también lo alcance a él”. O sea.

¡Ah!, pero el licenciado presidente no cayó en la “provocación” y recurrió a lo dicho por el doctor Alejandro Gertz Manero, fiscal General de la República calificado como rete honesto e independiente por el propio Santo Patrono de los otros datos.

¿Y qué dijo el doctor Gertz? Le pido paciencia, lea usted.

Frente a la magnitud de los delitos cometidos el 26 y el 27 de septiembre de 2014 en Iguala, el Ejecutivo federal en ese momento intentó soslayar la responsabilidad del Estado mexicano ante un crimen desmesurado y brutal, y trató de adjudicarle la culpabilidad total de los hechos a las autoridades del estado de Guerrero y a sus policías municipales, que eran parcialmente responsables, pero la dinámica de lo que había ocurrido, que era imposible ocultar, se salió de su control y fue en ese momento cuando el procurador general de la República, Jesús ‘N’, se presentó ante los medios y señaló lo siguiente: Estamos preparando un equipo de investigación, se trasladará el jefe de la agencia de seguridad y su servidor, que seremos los responsable directos de esta investigación”, declaró el fiscal nombrado por el Senado. 

Ipso facto, para que no quedara duda alguna, el fiscal en jefe Andrés Manuel I preguntó a la audiencia: “¿Está claro, o no?”

¿Está claro? ¡Peña Nieto no es culpable! ¡Fue Murillo!, ¡fue Murillo!

¡Ah!, ¿duda usted de la palabra de Su Alteza Serenísima?

Bien, le comparto una más.

–Presidente, con todas estas investigaciones que se están dando últimamente, nada más por hablar de estos casos, está Odebrecht, ahora también lo que tiene que ver con Ayotzinapa, bueno, desde siempre, lo que tiene que ver con Ayotzinapa y otros casos más. ¿No considera usted un esquema en el que todos los caminos lleven al expresidente Peña Nieto?—preguntó la colega Escobar.

Ya conocen cuál es mi postura sobre esto, ya la hice pública, cuando tomé posesión—respondió medio incómodo el dueño del poder en México.

Aunque en los hechos no se le está tratando de llamar a la justicia en México. ¿Por qué en ninguno de los casos?—insistió Dalila con ánimo de sacar de sus casillas al licenciado presidente, quien aguantó vara.

Porque corresponde a las autoridades competentes. Mi postura fue en el sentido de que no íbamos a presentar denuncias en contra de los expresidentes, lo dije cuando tomé posesión en el Congreso (…)–recordó Su Alteza Serenísima con esa claridad en el discurso que le es propia. ¡Salve, magíster!

¿En qué estábamos?

¡Ah!, ¿quién defiende al licenciado Peña Nieto? ¿Quién le manda el mensaje: ‘no te preocupes, Quique, ¿aquí te cuido la fama’?

El licenciado presidente jura y perjura –con el “¡detente!” en mano– que es bien respetuoso de la chamba del doctor Gertz y no se mete para nada en los asuntos de la FGR porque no es un vulgar ambicioso de poder, porque no se parece –¡zafo!, dixit—a los de antes.

Aunque usted coincidirá en que todo apunta a que el licenciado Andrés Manuel I tiene madera de fiscal y, por supuesto, defensor de oficio.

Así que, licenciado Peña Nieto, no importa que Osorio Chong ande más ocupado en desbarrancar a Alito ni que ninguno de sus amigazos del alma haga mutis y evite meterse en problemas defendiéndolo.  

¡Canijos ingratos! Olvídelos, siga usted en la modestia del retiro madrileño. ¡Total!, ahí está, ni más ni menos, el propio dueño del poder en México, en calidad de fiscal ex profeso defendiéndolo contra esos malagradecidos y vengativos de la 4T que lo quieren quemar con leña verde en el Zócalo. ¡Guácala! ¡Fuchi! Digo.

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