René Cervera G.
Se dice que quien no conoce su historia tiende a repetirla, pero eso no es lo peor. Sucede que quien no conoce la historia, al repetirla pregona que es una novedad.
Al inicio de la democracia las decisiones que se tomaban solían ser coyunturales, se atoraban en lo urgente, sin afectar la vida cotidiana, y limitada a un sector social.
En la revolución francesa cobra mayor sentido cuando un sector se sienta a la izquierda de la asamblea demandando el fin de los privilegios y otro a la derecha dispuesta a sostenerlos.
Pero aun en sus consecuencias el derecho al voto se limitaba a los hombres de cierta edad, estatus social y económico.
Tuvo que pasar una etapa de experiencias para entender que lo mejor era reunirse alrededor de un pensamiento político desde el cual hacer una radiografía, un diagnóstico, generar una propuesta de vida colectiva que razone sobre cómo relacionarnos, y con qué valores sociales convivir y así llegamos a los partidos políticos.
Los partidos políticos son una parte de la ciudadanía unida por concepciones sociales que tienen como meta colocarse en donde puedan ejercer sus ideales.
En el supuesto de una vida democrática implica abrir el debate para que quienes tengan la mayor influencia sean quienes son más elocuentes. Importante es señalar que la meta es alcanzar el gobierno y la finalidad es gobernar conforme a los principios que promueven.
En estos días de nuestra historia, los partidos políticos pasaron a ser antagonistas y ha surgido la petición de que desaparezcan.
Quien esto escribe está a favor de que estén presentes, pero hay que analizar su actividad y el sentido de su existencia.
Con el neoliberalismo se declaró el fin de las ideas y bajo este concepto los partidos pierden su sentido: sin idealismo, sin claridad de conceptos, lo único que ofrecen es el comercio partidario.
El neoliberalismo no es tan democrático como presume serlo, entienden que si se sirve la misma sopa en diferentes platos y la dan e escoger con eso el proceso es democrático.
En México tendremos en la papeleta electoral 10 partidos políticos; ninguno es fresco, pues todos vienen de una organización que se refunda en otra organización. Nueve de las entidades electorales que se presentan como partidos tienen como fundadores personajes que vienen del P.R.I.
¿Qué posibilidad hay de votar por algo distinto? No mucha. Una lectura de quiénes ocupan los cargos claves nos dirá que efectivamente no hay nada nuevo bajo el sol. Si consideramos la coalición que está en el gobierno y lo ponemos junto al que teníamos hace tres años, sí hay un discurso menos empresarial, pero en términos de la democracia, que es la razón de este texto, las cosas son parecidas.
Hay un discurso que afloró con el neoliberalismo, el de quitar del centro la relación trabajadores-empresarios y desigualdad social, para poner en círculos el tema de la relación de género, el racismo, los derechos por tener una opción sexual diversa, la atención a sectores con discapacidad, la migración, la ecología. Temas que sin lugar a dudas tienen nobleza y como tal el capitalismo los acepta siempre y cuando el capital siga siendo el rey.
Estos temas de manera separada se convierten en acciones autoritarias en donde los y las activistas pretenden que su bandera se jerarquice por encima de las otras, y se ha dado un ambiente áspero en el que la libertad de expresión se contrae porque se puede ser acusado de machista, misógino, racista o algún otro adjetivo que sustituyen lo que antes era calificado como fascista, burgués explotador, adjetivos que llevan una descalificación social.
A través de las redes sociales, sobre todo, hay una tendencia a solicitar firmas para que quienes son acusados de los adjetivos mencionados se alejen de los micrófonos, para que los despidan o para negarles el derecho a un cargo público, aunque eso implique invadir competencias.
Una de las acciones más autoritarias más comunes es la de, al ver o escuchar un programa que se intuya como machista, xenófobo, racista o algo así, solicitar que salga del aire, cuando lo más democrático es sencillamente cambiar de canal y, de ser verdad que la opinión publica los rechaza, dejarlos que mueran por falta de audiencia.
Meter estos problemas a la discusión es parte de una vida democrática, es la función de los partidos políticos, abrir el debate y buscar consensos, pero es incongruente pedir que la democracia sea el espíritu político cuando ni en su interior los partidos políticos tienen una vida democrática.
La idea central es que en los partidos estén concentrados quienes tienen la mayor conciencia social, que entre ellos construyan y aprueben su vida interna y que lo que proponen sea lo que han experimentado, que entre los afiliados se reconozcan y en su convivencia identifiquen a quienes representan de mayor manera sus propuestas al exterior.
Sin embargo, la idea que los obsesiona son los recursos que vienen con el voto, por lo que no es de extrañar que en la contienda 2021, en las boletas esté la imagen de quienes los electores reconocen por su actividad en la farándula y el deporte.
No es que no tengan derecho como cualquier otro ciudadano, pero lo ideal es que ocupen una curul por haber manifestado con anterioridad el conocimiento y la inquietud por la política.
La otra son las encuestas que les dicen quién genera más votos, coincida o no coincida con el partido, porque ahora lo importante es dar atole con el dedo, como se dice coloquialmente.
Lo idóneo es que de manera universal el acceso a un techo amable, un alimento sano y sabroso, la vestimenta que manifiesta nuestra identidad apropiada al clima, a una vida lúdica, al conocimiento, a la salud, a la protección de la justicia, a tener certidumbre económica y condiciones para todo afecto, haciendo hincapié en la armonía con la naturaleza, sea posible porque de esa manera es como se combate de mejor manera toda violencia. Pero para esto se necesitan convicciones, sensibilidad, talento y conocimientos que deben convencer, porque ese es el sentido de una campaña política, que se gobierne coincidiendo.