René Cervera G.*  

Si tenemos la conciencia de un deber ser, es muy incómodo vivir en un clima en el que sabemos o presentimos que mucho de lo que vemos es falso. Este dilema se presta para hacer canciones, películas, libros, obras de teatro que entretienen, pero en la política es un absurdo que corrompe. 

Si hay un tema prioritario que debemos empujar para que pase de la simulación a la verdad, es el de la democracia. Podemos gastar toneladas de papel discutiendo sobre esto, o miles de watts en la computadora sin llegar a una conclusión definitiva y está bien, porque la democracia es un horizonte que no se alcanza, pero hace avanzar. Sin embargo, hay un denominador común al mencionarla; el entendido de que se trata de hacer valer la voluntad de quienes integramos la sociedad. 

Es a través del modelo electoral en donde construimos el espacio para que el ejercicio de las voluntades se armonice y desde luego que los partidos políticos tienen un papel fundamental en este sentido. 

Los partidos políticos son organizaciones que, como su nombre lo indica, forman parte de la sociedad. Hablar de partido único es una contradicción. Debieran de ser los protagonistas de la democracia al sistematizar el conocimiento, canalizar las inquietudes sociales y ofrecer una propuesta de vida colectiva, basada en conceptos éticos entendidos en la política. 

La democracia presupone el interés de la comunidad en ser actores en la construcción de la historia, con el grado de protagonismo que entre nosotros mismos nos damos. En el concepto de los antiguos griegos, un idiota era quien teniendo la oportunidad de hacer política se abstenía. 

Se tardó buen tiempo en concluir que quien se identifica con un proyecto político, y el pensamiento que lo construye, se potencializa si se organiza con quienes tienen la misma empatía y no apoyando el talante de particulares notables. 

De esta manera, conservadores, liberales, democristianos socialdemócratas, comunistas, ecologistas y otros discursos, se convirtieron en parte del problema y en parte de la solución.   

Pero actualmente tenemos partidos políticos conceptualmente vacíos que en el afán de llegar al gobierno encontraron que lo más pragmático es encontrar frases comerciales para vender imagen sin alma. 

Poco a poco se fue dando la idea de que nuestro pensamiento está en el físico que poseemos: si somos hombres pensamos como hombres, si somos descendientes de africanos pensamos como tal, si somos mujeres igual. El color de nuestra piel, o los órganos de nuestro cuerpo, a su entender, es lo que impulsa nuestro comportamiento. 

Luego entonces estamos atados a nuestro fenotipo, género y de nada o de poco sirve la lectura del pensamiento político. 

En consecuencia, la política debe integrar mujeres, jóvenes, razas, gustos sexuales, más que concepciones políticas. 

No es un hecho aislado. Cuando se declaró el fin de las ideas, las disputas ideológicas perdieron fuerza y los partidos políticos entraron de lleno al mundo de la moda. Los partidos de izquierda afirman que se corrieron al centro, lo que geométricamente hablando significa que se corrieron a la derecha. 

Sin la construcción de un modelo ideológico, los partidos pueden llamarse movimientos, eso evita el compromiso de una definición; pueden declararse plurales para no decirse contradictorios. 

Tenemos diputados por distrito electoral que representan a una mayoría que no voto por ellos y esto es una farsa. 

En el ámbito nacional hay 7 partidos políticos y entrará al menos uno más, es decir, matemáticamente es posible que con el 13% de los votos, el diputado electo desde su curul represente al 87% que no votó por él. 

La mitad de quienes legislan son de un género, no porque sea la voluntad ciudadana expresa en las urnas, sino porque es la voluntad de quienes hicieron la ley que obliga a que el cuerpo legislativo esté compuesto a partes iguales: mitad hombres, mitad mujeres. 

En el marco de la democracia, los legisladores son quienes se conforman a imagen y semejanza de la voluntad de los electores, y no son los electores los que deben aceptar por fuerza la voluntad de los legisladores y menos en materia electoral. 

Se intenta justificar esta medida en protección de las mujeres, en un espacio como México en que el padrón tiene mayoría femenina. 

Hay quienes dicen que se gobierna obedeciendo; y hay quienes decimos que se gobierna coincidiendo, y para esto último la función de un partido político es hacernos reflexionar y convencernos de las ventajas de apoyar su propuesta, y como ciudadanos hacernos compañeros de proyecto, dejando en claro que el instrumento de un demócrata es la elocuencia y no la imposición. 

Hemos creado espacios de ficción que nos hacen vivir una comedia que no parece tener un final feliz. 

La fuerza de los medios es tal que se construyen discursos hegemónicos que descalifican a quien no los acepta, así que hay que tener cuidado de no ser calificados como misóginos o fascistas, porque sea cierto o no esta calificación, nos pone en riesgo del desempleo o del linchamiento social. Existen grupos de presión que empujan políticas selectivas, con acciones que chantajean a la autoridad, que va desde organizaciones sociales, mafias delincuenciales, cámaras empresariales o lo que hoy es una moda: grupos feministas que violentan el ambiente.  

¿Hay detrás de ellas buena voluntad? Igual y sí ¿Tienen razón de ser? Muchos decimos que sí, pero a lo que no tienen derecho es a que su voluntad valga más que la de los otros electores, porque si no se aceptan sus peticiones incendian los espacios públicos. 

Continuamente tenemos en la Cámara de Diputados un ambiente de mercado. Diputados que se prestan o se compran para formar mayorías en la dirección de la mesa directiva. Igual tenemos diputados que solicitan el voto a través de un partido y una vez que obtienen la curul se cambian o se declaran independientes. 

Por todo esto, lo mejor es el sistema relativo proporcional, en el que cada partido tiene el porcentaje de diputados que obtuvo en las urnas difundiendo sus ideas, su diagnóstico y sus soluciones, y si ya no se entienden con quien los postuló, se salen y entra quien sigue en la lista. De esta manera sí representan a quienes votaron por el proyecto que se ofertó. 

La paridad de género debe consistir en competir en igualdad de circunstancias, pero el cuerpo legislativo se debe conformar con los equilibrios expresados en la urna libremente, tomando en cuenta el programa de gobierno y no el fenotipo. 

Vivimos espacios de ficción que son cortinas de humo que no permiten la objetividad necesaria para mejorar nuestras condiciones de vida. Necesitamos aceptar nuestra realidad y transformarla, poniendo al centro a la gente que tiene buena fe, voluntad política, sensibilidad social y conocimientos. Y para llegar a esto se requiere del debate desapasionado, del uso de estadísticas serias confirmadas, y de precisar a dónde queremos llegar como entidades particulares que saben ser parte de una comunidad. 

*Analista político, comunicador, ensayista y autor de los libros “El sentimiento que nos une”, “Entre el puño y la Rosa”, “In memoriam Olof Palme” y “La democracia es una fiesta”. Es director del proyecto radiofónico “La Orquesta Filosófica”.