Entre espejos y ventanas / El sentido de la democracia

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René Cervera G.

Como todo pensamiento político la democracia tiene sus enemigos naturales y algunos artificiales; el argumento más común en su contra es considerarlo como el sistema en el que gobierna la mediocridad. Quienes esto afirman son personas que se autocalifican como sujetos cuyas virtudes están encima de las que tienen la media de sus vecinos.

Con este modo de concebir el quehacer político, se entiende que quienes deben gobernar son aquellos o aquellas que tienen el privilegio de ser mejores, aunque no quede claro en qué sentido y si la mayoría no coincide con sus conceptos es porque el grueso de los habitantes del territorio gobernable es ignorante e insensible.

En el marco de este pensamiento se justifican las dictaduras, incluyendo la dictadura que prevalece en las escuelas, en los hogares, en las oficinas, en las fábricas y desde luego en los diferentes órganos de gobierno.

Algunos conservadores como Sir Winston Churchill defienden la democracia afirmando que es el menos malo de los sistemas y los liberales subliminalmente la entienden como el modelo propio para hacer negocios.

La palabra es tan bonita que hay quienes se pelean por darle su apellido, por eso hay democracia cristiana, democracia popular o democracia burguesa y mi preferida la socialdemocracia.

Desde luego hay quienes gritan que debe haber democracia sin apellidos, sólo debe tener ciertos requisitos mínimos para llamarse así, como son el tener dos partidos políticos, aunque sea la misma sopa servida en dos platos. Si se le pregunta al comensal qué plato prefiere, la sopa deja de ser instrumento autoritario y se convierte en producto de la democracia.

Si algún denominador común tiene la democracia es que es el sistema político que protege la voluntad ciudadana.

El enemigo natural de la democracia es el autoritarismo. Es sano meditar que actualmente, por ejemplo, la paridad de género en las cámaras de diputados obedece a que la voluntad de los legisladores se impone a la voluntad de los electores, ya que la paridad de género es por ley, no porque sea el resultado natural obtenido en las urnas.

No encuentro una explicación clara que justifique la razón por la cual los mexicanos que residen en el extranjero pueden votar y por lo tanto decidir  en un gobierno que no los gobernará a ellos; todavía no alcanzo a comprender por qué nos puede escoger la novia quien no se va a casar con ella.

Nuestro sistema electoral colinda con lo absurdo: elegimos nuestro cuerpo legislativo con un sistema mixto, unos diputados y diputadas son uninominales, y otros son plurinominales. Los primeros son electos en espacios que se dividen en 300 territorios electorales denominados distritos, si dividimos los algo más de 120 millones de mexicanos entre 300 distritos electorales, nos resulta 400.000 por distrito. La ley permite un 15% más o un 15% menos, tomando ciertas consideraciones.

Tengamos en cuenta que no todos los pobladores están en el padrón; consideremos que algo más de la mitad de los empadronados vota y que los votos se dividen entre varios partidos políticos y candidatos sin partido. Una vez hecha la operación se encontrarán con que el diputado uninominal electo suele llegar con aprobación de un porcentaje muy menor de quienes dice representar.

No esta de más concluir que el modelo de representación proporcional es el adecuado si consideramos que un o una legisladora representa espacios ideológicos que conllevan un diagnostico y propuestas de solución y no un espacio físico.

El Instituto Nacional Electoral es la entidad encargada de darnos la certidumbre de que nuestro gobierno está formado a imagen y semejanza de la voluntad de los ciudadanos, vale la pena analizar su actitud en la actualidad.  

Hubo consejeros y altos funcionarios que se ampararon para no aceptar ganar menos que el presidente de la República, en su entender ellos y ellas no tienen por qué sujetarse a la lógica constitucional de tener un salario más bajo que el de quien tiene mayor responsabilidad con el país.

Adelantaron la fecha para elegir secretario general, antes de que entren los cuatro nuevos consejeros electorales, ocho de los actuales consejeros electorales decidieron reelegir al secretario general rompiendo su propio reglamento con el recurso jurídico de que no lo están eligiendo por tercera vez, ya que anteriormente el actual INE se llamaba IFE.  Y es cuando observamos que la técnica jurídica se anticipa al espíritu de la democracia.

El sentido de evitar mucho tiempo desde un cargo tan relevante es no permitir desequilibrios de poder como corresponde a una democracia, pero esto pierde su importancia cuando lo que desean es dejar lealtades que les siguen dando poder, además de que los consejeros que lleguen tendrán un secretario general al que no eligieron. Este capítulo es necesario para analizar la calidad democrática de quienes serán jueces en primera instancia en los procesos electorales de carácter federal.

Según Édouard Bernstein filosofo socialdemócrata, la democracia es evolutiva. La mayoría, la media, los muchos, el populacho, por decirlo con vocabulario coloquial, debe ser cada día más consiente socialmente hablando, con mayor intelectualidad y más prósperos.

Esto implica vivir un ambiente de respeto con debates constantes que les permita a los muchos tener los elementos de juicio para escoger a los mejores elementos y no a una élite que se amafia para gobernar entre ellos sin compromiso social.

En el marco democrático es necesario tener claro qué es mío, qué es tuyo, de él, de nosotros y de ellos. Tener claro lo que compete a cada identidad de tal manera que al final de cuentas algo de nosotros sea para los demás y algo de los demás sea para nosotros, sin invadir intimidades.

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