René Cervera G.
La puerta de las políticas públicas es el proceso electoral. De lo que transite por ese espacio depende la calidad política de quienes van a gobernar, el liderazgo del poder ejecutivo y la calidad legislativa, está vinculada a las leyes que les permiten a los electores seleccionar a quiénes consideran los más capaces como corresponde a una democracia.
Un sentimiento común entre ciudadanos es que no escogen a quien los representa de mejor manera, sino al menos malo de quiénes estaban en la boleta.
Nuestra democracia si es que así podemos llamarle, es una de las más caras del mundo, tenemos distritos electorales con 400 mil habitantes más o menos que son el resultado de dividir la población total en 300 distritos electorales, que obliga al Instituto Nacional Electoral a contar con 300 locales de atención, más una delegación por entidad federativa, además de oficinas para el registro de electores, elaborar padrones y el costo enorme de una oficina central que incluye consejeros que ganan más que el presidente de la República y la administración de las prerrogativas de los partidos políticos.
Al momento de escribir este texto hay 7 partidos políticos federales, más los que se unirán en el siguiente proceso electoral y los llamados candidatos sin partido que si calculamos queden en diez entidades significarían tres mil campañas; pero solo uno de esos candidatos es electo por distrito, por lo tanto la mayoría de los votos se pierden, finalmente no cuentan quienes perdieron y matemáticamente es posible que quien gana un escaño lo haga con el 11% de los votos, si le agregamos que en función de la paridad de género si votas por un hombre o mujer que rebasa el 50% entonces no entra y en consecuencia tu voto se pierde.
Nuestro modelo electoral es mixto 300 diputados y diputadas entran por la llamada vía uninominal y 200 por vía plurinominal o sea por propuesta directa del partido. Si lo sumamos da por resultado 500 personas con salarios que equivalen a más de 50 salarios mínimos por persona más las oficinas que se les facilitan por gestión, entonces son 500 asalariados muy bien pagados y 500 locales de gestión más el pago de sus colaboradores.
La lógica superficial les dice a muchos analistas que se deben eliminar los diputados plurinominales, pero es bueno pensar aleves del pensamiento hegemónico y profundicemos el sentido de la propuesta.
Un diputado no representa un espacio físico, lo que representa es un proyecto político, que tiene un diagnóstico y soluciones de acuerdo a su concepción de cómo debe ser la sociedad, y lo que busca es empatía por su proyecto, representa a quienes coinciden con su programa de gobierno por esto y no por cuestiones de vecindad. Así que quienes salen sobrando son los diputados por distrito, pero además la función de un diputado o diputada es legislar no gestionar por lo que no tiene sentido las casas de gestión.
Con 400 legisladores y legisladoras todos y todas propuestos por sus partidos políticos es suficiente, de esta manera los partidos políticos adquieren la responsabilidad de proponer sus mejores elementos y lo mejor es que las campañas y el debate se concentran en el diagnóstico de los problemas sociales y no en el talante del candidato.
Nuestro modelo electoral se ha ido haciendo más complejo, con la paridad de género la voluntad de los legisladores se colocó por encima de la de los electores, se dice que es para darle un lugar a la mujer en las decisiones colectivas, pero resulta que en los padrones suele haber más mujeres que hombres por lo que son las más afectadas con esta imposición.
Hay mujeres que son más capaces en sus cargos que el común de los hombres y hay hombres que son más capaces que el común de las mujeres y por esta razón debería obtener cargos públicos, pero no por su género, el instrumento de un demócrata es la elocuencia no la imposición. Desde luego que se debe promover el voto a la mujer, pero en una democracia la voluntad de las y los electores es sagrada, además que esta ley violenta la autonomía de los partidos políticos y nos conduce a situaciones ficticias.
El voto en el extranjero es otra práctica que violenta la soberanía de los gobernados. Por más que me lo explican no alcanzo a entender porque nos va a escoger la novia quien no se va a casar con ella y encarece los procesos, las visitas al extranjero, la vigilancia externa es inflacionaria. Afortunadamente el voto foráneo es escaso y por lo mismo resulta caro, si algún día los mexicanos en el extranjero votaran masivamente quienes presiden el país serían electos por quienes no pagaran las consecuencias de su voto.
La novedad de la reelección hasta por cuatro veces pone en ventaja a quienes ya cuentan con una estructura y lo que llega al absurdo es el argumento de que esto permite a los electores aprobar o reprobar a su diputado ¿…Se imaginan a los electores monitoreando al diputado o diputada de su distrito para saber si lo re eligen? Otro problema es los diputados que entran por un partido y se pasan a otro ya que de esta manera los electores pierden el sentido de su voto.
El caso es que con todo esto los protagonistas de la política en México son los mismos desde hace 40 años o vienen de su inercia. El costo económico es muy alto por sus resultados y solo he mencionado el proceso de la cámara baja federal, agréguenle las cámaras locales y el senado.
Los requerimientos para la creación de nuevos partidos políticos son muchos, sin embargo, prácticamente quienes se presentan son los mismos por escisiones que se mueven más por cuestiones de protagonismo que por alternativas políticas., los que cumplen con los requisitos de ley son quienes tienen más recursos por haber llegado antes al reparto de cargos de elección popular que les permiten jugosos ahorros y que invierten en seguir en el presupuesto.
Las prerrogativas de los partidos son las mismas si son dos que si son diez o veinte. Más que poner trabas al ingreso de entidades frescas hay que abrirse para incursionar nuevas posibilidades, en el entendimiento de que la campaña estará centrada en su oferta política y no en candidatos desechados.
El sistema relativo proporcional evita las locaciones de los distritos electorales, el ejercicio de campañas personales, las casas de gestión, los gastos excesivos de medios de comunicación, permiten reducir el número de escaños y hacen que los votos valgan, ya que todos cuentan para el porcentaje y si una institución propone para cargos a personas incompetentes Y/o deshonestas lo pagan de manera institucional.
La logística para ubicar casillas depende del número de electores, pero la burocracia administrativa si en vez de distritos hay 4 circunscripciones que impliquen e norte, el este, el oeste y el sur procurando la representación de todas las entidades federativas disminuye mucho el costo.
Cabe mencionar que los intereses de los Estados federativos los representa el Senado con los que hay que proponer otra estrategia.
*El autor fue Representante del Partido Humanista en el Instituto Electoral de la Ciudad de México















