- AMLO usa el aparato de Estado para cobrar venganza
Elena Cárdenas
Nadie imaginó el 23 de marzo de 1994, a pesar de todas las señales que después de la tragedia fueron evidentes, que el sueño de Luis Donaldo Colosio Murrieta por transformar al país muriera ese fatídico día, a las 17:12 horas, al ser cobardemente asesinado. Colosio se hizo mártir, pero ya no fue un estorbo para los intereses políticos de “alguien”. El escenario en México, gobernado por un ignorante, megalómano, autoritario, irracional y vengativo, pareciera ser un terrible caldo de cultivo que debería preocuparnos. Andrés Manuel López Obrador no se detiene y usa el aparato de Estado para cobrar venganza cuando se siente acorralado y hoy es ese momento.
El riesgo a la integridad física de Xóchitl Gálvez Ruiz es inminente. No se trata de cargarle el muerto solo al rencoroso presidente, se trata de una cuestión natural, ilegal y perversa, porque los cómplices querrán defenderse, defender sus intereses políticos, económicos y criminales.
Andrés Manuel López Obrador jamás ha sido un buen perdedor. Su propio padre, según el Mesías Tropical, de Enrique Krauze, lo describe como un niño con una “enfermedad” porque nadie podía regañarlo o ardía en cólera; si ganaba, era el más feliz y esbozaba su sonrisa burlona, la misma que debemos soportar incluso cuando habla de masacres, para él, inexistentes en México, pero si perdía, “terminaba enfurecido”, así dejó lisiado de por vida a José Ángel León, un compañero de juego que le ganó y, en venganza, López Obrador le lanzó una dura pelota de béisbol en la espalda que dañó su columna y lo dejó paralítico para toda su vida, sí, el ataque cobarde fue por la espalda.
¿Quiénes querrían aniquilar o neutralizar a Xóchitl Gálvez? literal o metafóricamente: el primero, Andrés Manuel, porque Xóchitl ya es una seria amenaza a su famosa continuidad del proyecto, y no porque al presidente le interese el supuesto “bienestar” de la gente, sino porque si no hay alguien de Morena en el poder que le cubra la espalda a él, sus colaboradores y su familia, todos están en grave riesgo de ser descubiertos sobre el destino de todo el dinero desviado, además, de que no podría irse tranquilo a “La Chingada”, sin trabajar, como es su costumbre, porque ya no habría quien le “suministrara” dinero, cash, como le gusta, desde el gobierno; el segundo interesado en disminuir a Xóchitl es el Ejército, que azuzado por López Obrador, también cree que al llegar ésta, que es la contrincante más aguerrida hasta el momento, perderá todos los privilegios obtenidos con el presidente, quien, igual que el venezolano Hugo Chávez, por cierto amiguísimo del desaparecido Porfirio Muñoz Ledo, ha comprado el silencio y la complicidad de las fuerzas armadas a través de licitaciones directas, aumentos salariales escandalosos y concesiones por 100 años en sus obras faraónicas; el tercer interesado es el narco, la delincuencia organizada, lo peligroso es que entre ellos nunca falta un torpe “acomedido” que lea las declaraciones del presidente como una orden o deseo, y si el presidente quiere aniquilarla políticamente, es seguro que ellos entenderán, en su argot, “darle piso”. Sin embargo, cualquiera de esas situaciones generaría inestabilidad social y erosionarían la democracia.
¿Cuáles son los escenarios para Xóchitl?
Andrés Manuel intentará acorralarla fiscal y judicialmente, a ella y a sus hijos, pero la panista ya ha dado muestras de que está dispuesta a que le busquen por donde sea y que se volverá una fiera si se meten con sus hijos y su marido. Gálvez, contrario a Andrés Manuel, siempre ha respetado las leyes y muestra de ello es el último amparo que interpuso para exigir su derecho de réplica, el cual ha sido violado por el presidente. Sin duda, ella y su equipo se defenderán de cualquier ataque que López Obrador haga a través de su fiscal carnal Alejandro Gertz Manero, darán batalla, pero eso no la exenta del riesgo de ser detenida.
Si es detenida y presa, podrían ocurrir dos cosas: que la disciplina cavernícola dentro de los penales la doblen y decida callarse, lo cual veo muy difícil, o que se convierta en mártir por el “compló” armado por López Obrador y que desde prisión genere mayor conciencia del talante vengativo del presidente y la necesidad de acabar con su reinado de terror judicial, porque Gálvez no sería la primera ni última víctima intimidada por la Fiscalía General de la República.
Del escenario de muerte prefiero no hablar, aunque se que en su equipo hay, entre los planes A, B y C, un escenario posible de ataque o atentado. La delincuencia organizada, tan beneficiada por este gobierno como el ejército, tiene mucho que perder si no continua Morena, y entre matones lo que menos respetan es la vida.
¿Algo malo sucederá?
Los periodistas que han sido duramente atacados por Andrés Manuel, saben, por experiencia, que si el presidente azuza a la gente contra Xóchitl, algo malo va a suceder, le pasó a Ciro Gómez Leyva y pese a un atentado no resuelto, López Obrador no pierde oportunidad de seguir instigando odio contra el comunicador y otros periodistas, eso mismo es lo que hace con Xóchitl, pero esta vez se encontró con la horma de su zapato, porque Gálvez no se va a dejar aunque desde el púlpito presidencial la llame “gelatinera”, “señora X”, “títere”, “globo” o “pelele”, todo indica que a ella le interesa el camino que construye rumbo a la candidatura y dejará que el rencoroso de palacio muera de miedo mientras ella avanza.
Quienes lo conocen, aseguran que el presidente desea continuidad, no solo para protegerse, sino para preparar el camino de su hijo Andrés a la presidencia en 2030, y Xóchitl es ahora, por su popularidad, un gran obstáculo para su ambicioso proyecto. ¿Acaso Andrés Manuel no se dio cuenta que en su ambición por mantenerse en el poder se convirtió en el mejor publicista de Xóchitl?
Desde que tomó la decisión de decir, sí, sí voy, Xóchitl Gálvez debió pensar en absolutamente todos los escenarios posibles con Andrés Manuel. Si José Ángel León no le hubiera dado la espalda a un cobarde, la historia sería distinta. Quizá hoy nos toca a muchos cuidar la espalda de Xóchitl.










