Enrique Escobedo
La teoría de la comunicación sostiene que la comunicación tiene dos partes, el emisor y el receptor. A partir de ahí las ciencias de la comunicación estudian las pormenorizaciones que ese hecho social implica, pues de ahí se desprenden otros elementos tales como el mensaje, los códigos que conlleva, el canal utilizado, el contexto o circunstancias mediante el cual se emite y finalmente la retroinformación o retroalimentación. Consecuentemente hablamos de un proceso mediante el cual la humanidad evolucionó y nos permite sobrevivir como especie.
La comunicación inició de manera corporal, luego hablada, después evolucionó en pinturas rupestres, signos y símbolos escritos hasta inventar el alfabeto y los ideogramas. Desde ahí la humanidad ha sido capaz de desplegar medios impresos, electrónicos y una cantidad de variables que no vienen en este momento al tema principal.
Lo que me interesa destacar es que de lunes a viernes desde el palacio nacional la presidenta Sheinbaum y su equipo de colaboradores despliegan todo un andamiaje propagandístico y una escenografía propia de las películas espectaculares de Hollywood a fin de “dar o tirar línea” acerca de sus actividades. Su intención es clara. Ella quiere enmascararse en la tesis de que invita a la prensa a fin de que los periodistas, en calidad de mediadores de la sociedad, le hagan las preguntas que supuestamente los diversos grupos sociales desean formularle y así cumplir con el prerrequisito de que la sociedad es la emisora y el gobierno es el receptor.
Empero ya es del dominio público de que algunos de los “periodistas” que asisten a esas conferencias mañaneras reciben línea oficial y formulan preguntas sembradas a fin de que ella se vea claridosa, experta en diversos temas, conocedora del diagnóstico situacional del país y que domina con cifras y datos algunas situaciones coyunturales y estructurales. Su intención es clara, marcar la agenda del día al envolver con cortinas de humo las amenazas, riesgos y vulnerabilidades antropocéntricas y naturales que vive México.
Si la señora Sheinbaum tuviese visión de Estado no se detendría en minucias y señalaría las prioridades nacionales. Estaría atenta a los grandes problemas nacionales y asumiría su papel de lideresa al decirnos lo que nos corresponde a cada uno de nosotros realizar desde nuestras respectivas trincheras. Pero no. Ella no entiende de lo que es la visión a largo plazo. De ahí que sus conferencias mañaneras son una grotesca intentona de emular a ser el receptor de las demandas y necesidades sociales. La realidad es que ella marca la agenda del día y lo peor es que mucha gente se va con la finta de que su gobierne atiende al pueblo, como nos dicen en Morena.
La sociedad es la verdadera emisora, pero las demandas y necesidades sociales son obstaculizadas por algunos periodistas al servicio del partido oficial. Así queda la sensación de que se han diluido los papeles de emisor y receptor. Se trata de una confusión provocada desde el gobierno y esa desorientación es capitalizada hasta el momento por la gestión Sheinbaum.
Tanto engrudo acabará por confundir a las partes y finalmente lo que quedarán serán posverdades o verdades a medias en los que nadie triunfará, todos perderemos y la neblina acerca de los roles de emisor y receptor será aprovechada por quien tenga mejor olfato político o por quien posea más dinero que invertir. Ese juego de confusiones podría acabar en populismo o algo peor. Ojalá la presidenta deje de jugar a confundirnos porque a la larga ella tampoco podrá identificar el camino y ella es, nos guste o no, nuestra presidenta.