· El repunte inflacionario tuvo en la electricidad a su principal protagonista. El fin del subsidio a las tarifas de verano en 11 ciudades del país provocó un ajuste inmediato
· La electricidad se convirtió así en el motor principal que empujó la inflación durante la primera mitad del mes
María Escalante García
Durante la primera quincena de noviembre de 2025, la fotografía económica del país volvió a mostrar los claroscuros que caracterizan a la inflación en México: mientras algunos productos aliviaron ligeramente el bolsillo de los consumidores, otros presionaron con fuerza hacia arriba, encabezados —una vez más— por los energéticos.
El repunte inflacionario tuvo en la electricidad a su principal protagonista. El fin del subsidio a las tarifas de verano en 11 ciudades del país provocó un ajuste inmediato en los recibos de luz, golpeando directamente el índice general de precios. Cada año este fenómeno se repite, pero en 2025 el incremento fue especialmente sensible por dos razones: el contexto de encarecimiento energético internacional y la ausencia de medidas compensatorias que amortiguaran el impacto para los hogares con mayor consumo estacional. La electricidad se convirtió así en el motor principal que empujó la inflación durante la primera mitad del mes.
Este aumento no solo afecta a las familias. También complica los costos operativos de pequeñas y medianas empresas, que dependen de una tarifa estable para planear sus gastos y mantener márgenes razonables. Comercios, talleres, panaderías y negocios de servicios ven cómo la volatilidad energética amenaza su viabilidad en plena temporada alta de ventas.
En contraste con la presión ejercida por los energéticos, la lista de productos con mayor impacto a la baja en los precios al consumidor estuvo protagonizada por varios licores y bebidas alcohólicas. Estos artículos registraron reducciones que, aunque no alcanzan a compensar el alza en servicios básicos como la electricidad, sí contribuyeron a contener parcialmente la escalada general de precios. Las bajas responden a ajustes estacionales, estrategias comerciales previas al cierre de año y mayores inventarios disponibles en tiendas y distribuidores.
Sin embargo, esta caída en los precios de bebidas alcohólicas funciona más como un alivio anecdótico que como un factor estructural para la economía familiar. Al final, los consumidores pueden prescindir de un whisky o un ron, pero no de encender la luz, refrigerar alimentos o mantener en funcionamiento los electrodomésticos indispensables en cualquier hogar.
El balance de la primera quincena de noviembre deja una conclusión clara: la inflación sigue determinada por elementos de alta sensibilidad y peso en la vida cotidiana, como los energéticos. Mientras las autoridades no logren estabilizar las tarifas eléctricas o diseñar una política más previsora ante los ciclos de subsidios, cada cierre de verano seguirá traduciéndose en un golpe directo al poder adquisitivo de millones de mexicanos. Las rebajas en artículos prescindibles podrán ofrecer respiros momentáneos, pero la verdadera presión continuará encendiendo el tablero desde la misma fuente: la electricidad.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se ubicó en una tasa anual de 3.61%, lo que refleja el efecto directo de los cambios recientes en tarifas y precios de varios productos y servicios.
La incidencia mide la contribución, expresada en puntos porcentuales, de cada producto o servicio al INPC. Entre los productos que más presionaron al alza en la inflación quincenal destacan:
- Electricidad: (+20.70% )
- Transporte colectivo: (+4.32%)
- Servicios profesionales: (+10.56%)
- Jitomate: (+3.98%)
- Transporte aéreo: (+4.60%)
- Otros servicios y alimentos como fondas, loncherías, restaurantes, productos para el cabello, vivienda y alimentos cocinados también aportaron incrementos menores.