Gabriela Lazcano

En este país, un fenómeno político como Donald Trump era un sueño impensable. El hombre naranja, para muchos un loco, se convirtió en un espejo que reveló la corrupción de miles de políticos, muchos de los cuales se creían intocables. Durante años, hemos vivido con la certeza de que nuestras instituciones estaban podridas hasta el núcleo, y este personaje, por más caricaturesco que parezca, tuvo el valor o la locura de sacar a la luz lo que muchos preferían mantener bajo la alfombra. Como dirían en la calle, se atrevió a encender la luz en un cuarto lleno de oscuridad y ratas.

El escándalo no se detiene solo en las élites políticas; bien sabemos que los vínculos entre el poder y el narcotráfico son una realidad desgarradora. Pocos recuerdan cómo hasta Pablo Escobar, el rey de la coca, quedó atrapado en la red de su propio juego, sin poder sacar a su familia de Bogotá en medio de la tormenta. Sin embargo, hoy nos enteramos de que las autoridades han facilitado que 17 miembros de la familia de Ovidio Guzmán, ‘El Ratón’, se escapen de la selva judicial que han creado. ¿Qué tanto sabrá Ovidio sobre estas conexiones? La historia parece repetirse, pero esta vez con matices de extraña complicidad.

Es fácil sentir una mezcla de rabia y esperanza al pensar que quizás, por fin, los narcos y políticos corruptos que han arruinado la vida de tantas personas en este país comenzarán a recibir el rencor y la humillación que merecen. La gente ha sufrido demasiado y, si algún día esos verdugos deben enfrentar el dolor que han infligido, quizás comencemos a ver un atisbo de justicia.

Con todo esto en mente, se aproximan las elecciones del 1 de junio y, en lugar de sentir emoción, siento una desgana profunda. ¿Realmente vale la pena asistir a votar? En este pantano de corrupción, donde las togas cruzan el barro, es fácil concluir que el juego está amañado y que nuestra voz no cuenta. Quizás lo más sensato sea dejarlos a todos ahí, que se ensucien solos, mientras nosotros observamos con el asombro de quienes se sienten ajenos a una farsa.

Así que este 1 de junio, les dejo una sugerencia: absténganse. Dejen que sean ellos quienes deben vivir con el hedor de sus propias acciones. Recuerden, muchas togas cruzarán el pantano, se mancharán y salpicaran a todo un país. Desde Macondo, suerte a todos.