Gabriela Lazcano

Hay historias que ya no necesitan demasiadas explicaciones.

Una tras otra aparecen las piezas: contratos, audios, videos, testimonios, investigaciones periodísticas, millones de pesos y empresarios que se volvieron extraordinariamente prósperos durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Y, sin embargo, hay personajes que siguen intocables.

¿Dónde está el Doctor Muerte, con su trofeo para vivir en Ginebra? ¿Dónde está Amílcar Olán? ¿Dónde está Ignacio Ovalle? ¿Qué pasa con Andy?

El New York Times acaba de publicar que dos agencias de seguridad de Estados Unidos examinan acusaciones relacionadas con posibles vínculos de Andy López Beltrán con el crimen organizado y el contrabando de combustible. El diario aclara que no existe una investigación formal en su contra, pero señala que cinco personas con conocimiento directo de esas indagatorias hablaron con sus periodistas.

¿Y en México?

Nada. La Fiscalía dice que no tiene elementos para investigarlo.

Pero ahí están Amílcar Olán, los contratos millonarios, el negocio del balasto para las obras ferroviarias y los audios en los que el propio empresario habla de sus relaciones con los hijos del expresidente. También están los testimonios incorporados a expedientes sobre huachicol fiscal, donde aparece la referencia al “hijo del presidente”.

Y ahora, además, la investigación del New York Times.

Pero a Andy no lo tocan.

Olán fue localizado en Lugano, Suiza, viviendo en una residencia de lujo. Un periodista lo encontró y lo confrontó. Al día siguiente, la casa estaba vacía. Hoy vuelve a estar disponible para renta y se desconoce su paradero.

Para mí, eso habla por sí solo.

La historia de Segalmex tampoco puede olvidarse: miles de millones de pesos involucrados en uno de los mayores escándalos de corrupción del sexenio pasado. Hay detenidos y procesos penales, pero Ignacio Ovalle, quien dirigió Segalmex desde su creación hasta 2022, no enfrenta un proceso penal y continúa dentro del gobierno.

A unos sí los alcanza la justicia. A otros, no.

Y a dos años del gobierno de Claudia Sheinbaum, resulta increíble que no haya sido capaz de tocar a uno de los hijos predilectos de su tlatoani favorito, Andrés Manuel López Obrador.

Es increíble la manera en que quiere gobernar culpando a unos y defendiendo a otros.

Mientras los personajes cercanos al poder parecen intocables, la presidenta tiene un culpable para prácticamente todo lo que ocurre en México: Felipe Calderón, quien gobernó hace 20 años. Si hay desabasto de medicinas, es Calderón; si los servicios de salud están colapsados, es Calderón; si las carreteras están hechas una mierda, es Calderón; si no hay agua y las ciudades se inundan, también es Calderón.

Está más claro que hicieron un pacto con Peña Nieto para no mencionarlo jamás. Mientras tanto, todo el mal que tiene este país ahora resulta ser culpa de Calderón.

Pobre mujer. Parece que ya no tiene a nadie más a quien echarle la culpa.

Y mientras la Presidencia encuentra culpables en el pasado, las instituciones que deberían mirar al poder en el presente permanecen calladas.

Ya sabemos que la fiscal carnal no va a hacer nada. Está puesta ahí de decoración.

Y qué decir de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que debería ser uno de los contrapesos frente al poder. Hoy está encabezada por Rosario Piedra.

Con ese apellido, podría ser Piedra, silla o mueble: de cualquier forma, parece que no sirve para nada.

Mientras tanto, los contratos, los audios, los testimonios y los nombres siguen ahí.

Lo verdaderamente escandaloso es que el poder pueda decidir a quién se investiga y a quién no.

Y en México estamos acostumbrados a eso, pero nunca con el descaro con que ha ocurrido durante los últimos ocho años.

Y entonces están las madres buscadoras.

Siguen afuera, en su plantón frente a la Fiscalía General de la República, esperando ser recibidas. Mujeres que buscan a sus hijos y que, en lugar de encontrar respuestas, encuentran una puerta cerrada.

La fiscal no ha tenido la humanidad, la sororidad ni la empatía de recibirlas personalmente.

Y las madres denuncian que durante la noche les cortan la luz, dejándolas sin poder calentarse ni siquiera una taza de café.

¿Es esta la fiscal que México necesita?

Qué vergüenza de institución. Qué vergüenza de lo que sea en lo que han convertido a la Fiscalía General de la República.

En fin, queridos lectores, ya sabemos lo que reina en este gobierno: la hipocresía y la impunidad.

¿Despertará el México bárbaro? Faltan cuatro años.

Siempre existe la revocación de mandato.