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El México de hoy / Allá sí, acá no: La diplomacia del diálogo selectivo

Gabriela Lazcano

Una de las acusaciones que más duelen en política es la de la incongruencia. No se trata del cambio de opinión ante evidencia nueva, sino de defender con vehemencia un principio en un foro y actuar en contra del mismo en casa.

Es el territorio del «haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago». Y es el preciso lugar donde se encuentra atrapada la imagen pública de la presidente Sheinbaum   y por extensión, el proyecto de la Cuarta Transformación.

La cancillería virtual de Sheinbaum para Venezuela ha sido impecable. Como fiel guardiana de la política exterior de López Obrador, ha defendido con convicción la Doctrina Estrada: no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución de conflictos a través del diálogo. Ante la crisis venezolana, la postura es clara: las sanciones son castigos colectivos injustos, la solución debe ser pacífica y México puede—y debe—ofrecerse como un mediador neutral entre el gobierno de Maduro y la oposición.

Es una postura que, aunque criticable para muchos, se envuelve en la bandera de la soberanía y el principio de no injerencia. Es la diplomacia de la mano extendida, hipócrita pero extendida.

Pero esa mano, tan dispuesta a estrecharse con un régimen cuestionado internacionalmente, parece cerrarse o peor aún desaparecer en un puño de soberbia y sordera dentro de las fronteras mexicanas. La lógica del diálogo, tan esencial para Caracas, se evapora en la Ciudad de México. ¿Dónde está esa vocación conciliadora para las Madres Buscadoras, que recorren el país con una pala en una mano y una foto en la otra, exigiendo solo verdad? En su lugar, encuentran la minimización de su dolor, la etiqueta de ser instrumentos de «los conservadores» y una puerta oficial cerrada siempre.

¿Es esa la actitud de una mujer que es madre, que tiene el poder para hacer algo? ¿Es esa la actitud de un gobierno empatizando con su pueblo? No, es una actitud arrogante y miserable, eso es.

La misma pregunta resuena en los pasillos de hospitales sin medicamentos, donde pacientes y familiares claman por un suministro que salve vidas. La respuesta no es un plan de diálogo para resolver la crisis, sino la justificación en el pasado y la atribución a «intereses creados». El mismo patrón se repite: la demanda social legítima no es escuchada como tal, sino desvirtuada y leída como un acto de sabotaje político contra el gobierno “legítimo.”

Peña Nieto es culpable de todo, de absolutamente TODO.

Cabe resaltar lo que todos sabemos, tienen 20 años gobernando la CDMX y 7 años el país. Ni en una ni en otra se salvan, no hay medicinas. Punto

Aquí yace la contradicción insalvable, el doble rasero que los simpatizantes del gobierno justifican y sus críticos señalamos con un enojo puro. Para Morena la coherencia existe en una premisa ideológica más amplia: en el exterior, se lucha contra el imperialismo y se defiende la soberanía; en el interior, se combate a una «mafia del poder» que se resiste a perder sus privilegios. Bajo esta lógica, las Madres Buscadoras no son ciudadanas en duelo, sino herramientas de la oposición; y el diálogo con Maduro no es un apoyo a su régimen, sino una oposición a Washington.

Pero si aceptan y mandan lo que USA requiera. Así que mienten en todos lados. ¡No existe un frente de la 4T que diga la verdad! Es francamente deplorable su trabajo

 ¿Qué valor tiene predicar el diálogo y la paz en el extranjero si se niega el consuelo de escuchar, siquiera escuchar a quienes sufren dentro del propio país? La «no intervención» se convierte en una excusa cómoda para no criticar a aliados ideológicos, mientras que la «autoridad del pueblo» se esgrime para silenciar las voces incómodas en el propio país. Otra vez, miserables.

Al final, el mensaje que se proyecta es tan claro como encabronante: hay dolores que merecen una mediación internacional y hay dolores que deben ser ignorados, porque su reconocimiento mancharía la narrativa de un gobierno que se presume infalible. La diplomacia del diálogo, entonces, no es un principio; es un instrumento selectivo.

Allá sí, acá no.

Yo espero con toda mi alma, que, en un acto de injerencia, imperialismo o cómo quieran llamarle, los Estados Unidos ayuden a Venezuela.Ya veremos, mientras tanto, apoyemos a Lily Téllez, ¡si me representa!