Jesús Corona Osornio
Mucho se habla de la libertad de que gozamos en México, para expresarnos libremente, y así es, pero con límites, los reporteros pueden dar fe de esos limites.
Cada día en nuestro país nos enteramos de agresiones a los reporteros, a los que opinan, quienes hacemos análisis y criticamos. Y todo está comprobado.
En tales circunstancias no solo son los que tienen cargos públicos, es el crimen organizado, los carteles de la droga, y son muy violentos.
El problema no es decir cosas, exponer la crítica, es lo que viene después, los ataques de las oficinas de gobierno, y las balas del crimen organizado.
La profesión más peligrosa o de las más peligrosas, es la de reportero, en cualquier momento te pueden echar del empleo, o matar.
Los dueños de los medios de comunicación, amenazados o por decisión propia, remueven a conductores, analistas, reporteros molestos al poder.
Ningún medio tradicional en México, radio, prensa o televisión reconocen las presiones a las que estarían sujetos, quieren pasar inmaculados como adalides de la libertad de expresión.
La hipocresía de esos medios es grave, lesionan uno de los pilares de la democracia, sea por las razones que fueren, la falta de ética es su signo.
El gobierno de la república, así como los estatales y los municipales niegan ataques a la libertad de expresión.
En nuestro país el juego es negar, es culpar a otros, es mentir, es injuriar es acusar a los medios de reflejar una realidad que no es, la única es la que narran los gobiernos.
Poco a poco los noticieros en los medios alternativos de comunicación, ganan audiencias, son respetados y más que nada su credibilidad se incrementa.
Los tradicionales, pierden credibilidad, hacen más propaganda y cada vez más, menos periodismo, todo para no molestar al poder.
El periodista debe incomodar a los poderosos, debe desenmascarar sus mentiras, poner la descubierto la corrupción.
El periodismo no puede ser amigo ni complaciente con el poder, no debe tener complicidades porque se torna propagandista.
Escribir un artículo, hacer un comentario o un análisis crítico, no tiene porque ser censurado, ni debe ser motivo de despidos.
Todos los gobiernos, de la ideología que fueren son reacios a la critica, les provoca sarna, ellos quieren solamente halagos.
La nueva oligarquía mexicana producto de Morena, es especialmente sensible a la crítica, la piel tan delgada es producto también de la actitud del ejecutivo.
El presidente mexicano es el principal promotor de la violencia en contra del gremio, que de alguna u otra forma también coadyuvó a su triunfo.
El jefe de las instituciones es el enemigo más grande de la libertad de expresión, agazapado en un falso discurso de respeto a las libertades.
En México la cifra de reporteros muertos a lo largo del presente sexenio es de las más altas del mundo, ni los países en guerra tienen tal récord.
Duele la patria, una república herida, gravemente herida por las instituciones, una nación al punto del colapso, un país que se desgrana en el lomo de la violencia, sin políticas públicas que cuando menos palien este dolor de ver como se consume la libertad de expresión y se desvanece la prensa libre, hagamos algo, estamos ante la última oportunidad. Hasta la próxima.