Jesús Corona Osornio

La derrota, el gran fracaso de los partidos, tiene nombres y apellidos, la brutal paliza electoral, más allá de que nos agrade o no Sheinbaum, merece reflexión y autocrítica.

La derrota electoral de las oposiciones y también de la sociedad, de las organizaciones independientes y de algunos medios de comunicación.

Muchos analistas políticos, dejamos a un lado nuestra tarea para convertirnos en propagandistas, en promotores de una causa, que, si bien también somos ciudadanos, no fuimos objetivos.

Los insultos a Andrés Manuel, el descalificarlo, las acusaciones de corrupción en contra de él y su familia, sin pruebas sin ese sustento legal, sólo indicios, más que dañarlo lo beneficiaron.

No sólo fueron los programas sociales, la compra del voto, la inducción al mismo, ni la obscena intervención de López Obrador en las elecciones, los partidos fallaron.

Los recursos invertidos de manera torrencial en las campañas de Morena y en la de su candidatura presidencial, son al final del día, acciones que hicieron tanto PRI como PAN.

Estemos o no de acuerdo, las impugnaciones no moverán los resultados para anular la elección, serán acciones para el orgullo y el anecdotario.

Analizar desde la más profunda reflexión, que fue en lo que fallé desde lo individual para saber en qué fallé en lo social.

Para muchos, el activismo se daba desde las redes sociales, en la protesta digital, una protesta que sólo se escuchaba entre pares ideológicos y que nunca llegó a otros estratos.

La marcha en defensa del INE, de poco o nada sirvió y lo mismo con la de la SCJN, caíamos una y otra vez en los juegos del señor del palacio, no supimos leerlo.

Mientras nos distraíamos en las mañaneras, los aumentos al salario mínimo, eran otorgados de manera superior a lo que les daban en el pasado, no lo observamos.

Dejamos de lado la racionalidad y nos arrastró el clasismo, la queja fácil, olvidamos muchas cosas, respondimos al los otros desde nuestros propios fantasmas.

En las redes sociales los protagonismos y la guerra de vanidades estuvo -y sigue- a tope, X antes tuiter, se convirtió en la hoguera de las vanidades.

Muchos actuamos desde nuestros miedos, difundimos con denuedo, diversas noticias falsas, nada más porque me lo envió fulano de tal o porque nos gustó.

Del otro lado, también fueron manipulados, también nosotros, sólo que, al contrario de los seguidores de Morena, a ellos los hacían enojar en contra nuestra y a nosotros a la inversa.

Las derrotas no tienen padres, nadie las asume, los presidentes del PAN, Marko Cortés, del PRI, Alejandro Moreno, ya deberían haber renunciado, no lo harán.

Cada uno de esos dirigentes, serán legisladores, del lado del PRD, tristemente ese partido perderá el registro, Jesús Zambrano y los funestos Chuchos no tienen dignidad.

Analizar la derrota no significa claudicar, es momento de la recomposición, debemos empezar de cero y con todo en contra, y sin embargo la lucha debe seguir.

A muchos nos duele la derrota, no nos gusta quien ganó, no coincidimos con la ideología de Morena y su candidata, es cierto, seguimos en pie, y eso es lo que importa.

Reconocer como demócratas que los resultados son contrarios a lo que nosotros deseábamos para México, nos hace grandes, reorganicémonos, sigamos luchando por nuestros ideales, sigamos construyendo ciudadanía, derrotemos al enojo y la frustración y velemos por nuestro México, que se queden sin militantes los partidos. Hasta la póxima.