Pues no. Quienes creyeron que por fin López Obrador asumiría su responsabilidad de ser Presidente de México desde hace nueve meses, se equivocaron.

Con unas horas de diferencia, dio un giro y ante el fracaso en materia de seguridad, volvió a las andadas y acusó al expresidente Felipe Calderón de ser culpable de lo que sucede, luego de casi siete años que dejó el poder.

Pero además, lo caricaturizó, le dijo “comandante Borolas” como si se tratara de un payaso o un personaje muy cercano a él.

Es la primera vez que escucho esa forma de expresarse de alguien que se presume es el presidente de México; es la primera vez también que a lo largo de casi un año de mandato, oigo al titular del Ejecutivo federal echarle la culpa, todos los días, de su fracaso en todas las áreas, a los que ya se fueron.

Peor aún, después de ¡siete años! acusa a alguien de no poder lograr lo que prometió que él haría con sólo asumir la presidencia, mediante una política de “amor y paz”.

Ya vio López que no es lo mismo vociferar desde afuera a trabajar desde adentro; no es lo mismo vivir de la protesta que desquitar el salario con una responsabilidad que parece, como dice Calderón, le quedó grande.

Lo malo es que a Calderón a la mejor le quedó grande un uniforme y sólo él se vio mal, pero cuando queda grande la responsabilidad de gobernar, no la paga sólo el que lo hace mal, sino todo el país, no sólo 30 millones de electores sino 125 millones de mexicanos.

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