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EDITORIAL / Falló el modelo

La agricultura es una de las actividades humanas donde la improvisación, la capacidad de adaptarse a los eventos completamente azarosos de la tierra, cobran mayor importancia.

Por eso no es raro encontrar frases como la que encabeza este artículo en aquellas culturas que han hecho del campo y su cultivo una actividad central, como lo es el caso de Sudáfrica.

Este dicho tuvo su origen hace cientos de años en las colonias neerlandesas que se establecieron en el sur del continente africano y se utiliza para referirse a las muchas veces “ingeniosas” soluciones que elaboran los campesinos cuando las cosas no salen como lo habían planeado en un primer momento. Un “Plan B” completamente improvisado.

Algo así sucedió esta semana con la estrategia federal para hacer frente a la crisis de salud en México.

El 11 de junio, el subsecretario López-Gatell admitió en su conferencia que, en el Valle de México, “la predicción desde luego quedó rebasada porque hay persistencia” y un día después agregó que “se ha prolongado la epidemia; entonces, ya se desdibujó el pico, porque en lugar de pico, se volvió una meseta”. Meseta que días antes describió como “colina”.

Estas correcciones, igual que las que constantemente se han hecho sobre los números de defunciones, no fueron aceptadas clara y expresamente, sino que más bien se dieron a conocer con un tono de aparente naturalidad, como si de esa forma se logrará mantener la tranquilidad y sensación de seguridad en la población.

No es extraño que, en cualquier ciencia, nuevos resultados y avances tecnológicos obliguen a que los autores de ciertas teorías tengan que retractarse. Todo lo contrario: los más grandes científicos que conocemos han tenido que desechar sus ideas cuando la evidencia las contradice.

Pero lo que vemos en el caso que nos ocupa, no es una retracción sino una serie sistemática de pifias que intentan ser borradas con una sonrisa.

La realidad es que, al día de hoy, ninguna de las estimaciones del gobierno ha resultado correcta.

Ya no esperamos un “Plan B” porque está claro que el epidemiólogo, a diferencia del granjero, nunca tuvo un “Plan A”.

Lo que ahora tenemos que hacer con urgencia es desvincularnos de las ocurrencias del científico favorito del régimen y encargarnos localmente de nuestra propia estrategia.

Por cierto: hasta el 12 de junio Sudáfrica, un país de 60 millones de habitantes, había registrado mil 354 decesos. Esa misma fecha, en México se reportó un total de 16 mil 448 muertos.