La contradicción se está volviendo una característica del gobierno de la Cuarta Transformación y de Andrés Manuel López Obrador. Durante muchos años, el tabasqueño se ha dicho admirador de Benito Juárez García, uno de los mejores presidentes que ha tenido México.

Utiliza su imagen una y otra vez, inclusive el escudo del águila republicana. Los cuadros con la cara del Benemérito de las Américas, cuelgan en las oficinas de los funcionarios en las diferentes dependencias.

López Obrador se ha dicho de izquierda y liberal. Con su dedo flamígero señala a los que no piensan como él. Los llama “fifís”, adversarios, conservadores como en la mejor época juarista.

En las conferencias mañaneras, a la menor provocación da lección de historia y siempre hay una referencia a la época de la Reforma y a sus hombres.

Una de las múltiples acciones del presidente Juárez, fue la separación de la Iglesia con el Estado. Y la contradicción radica en que Andrés Manuel López Obrador se empeña en allegarse de las iglesias para evangelizar mediante su cartilla moral. ¿Qué no tenemos una Secretaría de Educación Pública?

Todos queremos un México mejor, sin violencia y un tejido social sano. Queremos ganarle la carrera a los malos, pero no a costa de perder libertades.

Se trata de educar, no de evangelizar. Ni mucho menos de hacer crecer a uno de los poderes facticos que tanto daño le hicieron al país. Insistimos hagámoslo desde las aulas no desde los templos.

Nosotros…

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