Enrique Escobedo
En la literatura una obra dramática se caracteriza, en lo general, por representar un conflicto de situaciones tensas, difíciles y emociones confrontadas y conmovedoras. Por su parte el melodrama alude a escenarios en los cuales predomina la exageración de elementos patéticos, cursis y sentimentales. Sendas figuras tienen en común que no hay derramamiento de sangre, pues eso es la tragedia. En la vida real un drama es una situación dolorosa y difícil de superar, pero no imposible. Por ejemplo, la población afectada por un chubasco. En el campo de la política aludimos a un melodrama cuando un político comete un error y, en lugar de reconocerlo y asumir su responsabilidad, se auto victimiza, se tira al suelo, se desagarra las vestiduras, pierde la compostura y espera que el pueblo sabio y bueno lo levante (léase su partido).
Cuando un político cae en una situación vinculada con el abuso de poder o de corrupción y sale a la luz pública le llamamos melodramón o churro tele novelesco, pues confluyen la indignación popular, el morbo, el cinismo de la clase política que lo arropa, las ironías y sarcasmos en las redes sociales y las expectativas de posibles escenarios respecto al destino de ese político. Por eso el concepto de lo melodramático adquiere sentido y se profundiza en el mundo de lo subjetivo mezclado con lo grotesco, bufonesco, de pena ajena y de irritación debido a las respuestas del político y de quienes lo solapan.
Desde hace unas cuantas semanas que los mexicanos somos testigos de una descarada corrupción del cártel de “la barredora” en el estado de Tabasco, durante la gestión del hoy senador Adán Augusto López Hernández, pues el responsable de la seguridad en dicha entidad, a decir de la prensa, era además del responsable de la seguridad ciudadana, el jefe de dicha banda. El debate ha adquirido distintos niveles. Unos insisten en la inocencia cándida de López Hernández, otros sostienen que estaba enterado. Hay quienes amplían el círculo político de ese cártel con figuras de la política tabasqueña y hay voces que argumentan que la Fiscalía ya atiende el asunto y que lo prudente es esperar a que la investigación llegue a sus propias conclusiones. Todo lo cual alimenta el “sospechosismo” y el melodrama churrigueresco continúa.
En lo personal veo que, independientemente de las conclusiones a las que llegue el oficialismo, le convendría a la presidenta Sheinbaum en el terreno de lo político, sustituir al senador López Hernández, ya que es un lastre muy pesado debido a las circunstancias que envuelven el caso. Por si fuera poco, el diputado Ricardo Monreal se comporta con cierto engreimiento y algo de arrogancia, lo cual, a decir de amistades políticas informadas, se debe a que sendos personajes reciben línea desde Palenque. Lo cual no me consta por ser un asunto incognoscible, pero tampoco lo niego. Si acaso ella logra cambiar a sendos personajes (que por cierto fueron sus contendientes en el mundo surrealista de las corcholatas) y designa gente con mayor probidad hacia su figura, seguramente redimensionaría los niveles de confianza de algunos sectores sociales hacia el gobierno. Pero eso es especulación.
El caso es que del melodrama se puede pasar al drama y viceversa y ver que finalmente lo que vemos en “el affaire Adán Augusto” es un bufonesco espectáculo de teatro guiñol en el que el desenlace sea la aparición de un ganso que se disfrazó de gallo.