Por Rubén D. Arvizu
Donald Trump y sus secuaces no distraen por accidente; lo hacen con precisión quirúrgica. Cada amenaza, cada escándalo fabricado, cada cambio de tema es una maniobra para ganar tiempo y enterrar lo que realmente importa. Los archivos completos de Epstein son una bomba de tiempo que Trump y sus aliados quieren desactivar a base de todo el ruido que puedan hacer. Hasta esta fecha, 23 de enero, el Departamento de Justicia sólo ha publicado menos del 1% del más de millón de documentos que hay. aunque el 75% de los estadounidenses (según encuestas AP-NORC) exige su publicación completa.
En enero de 2026, la lista es larga y alarmante: amenazas absurdas contra Groenlandia (aranceles del 25% o más a aliados de la OTAN que no acepten que Groenlandia sea parte de USA.), ataques constantes a la alianza atlántica (acusando a Noruega de “no darle el Nobel de la Paz),” y un testimonio de Jack Smith que debe continuar, aunque ya se le amenaza de encarcelamiento.
Las mentiras funcionan mientras la gente no preste atención a lo que es realmente importante. Pero la mayoría silenciosa empieza a despertar: el 60% rechaza intervenciones como la de Venezuela y los criminales ataques de ICE. Esa presión ciudadana, judicial y electoral podría ser lo único que salve la república de convertirse en un régimen autoritario.
No hay tiempo para más dilaciones. La verdad no puede esperar a que el ruido se apague. Si no se publica todo ahora, el callejón sin salida se cierra para siempre. ¿Habrá el valor en Estados Unidos de seguir la presión antes de que sea ya demasiado tarde?














