Enrique Escobedo
El pasado jueves 18 la selección mexicana de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) le ganó al representativo del futbol profesional de Corea del Sur. A decir de los conocedores de ese deporte fue un partido aburrido y de lucha en la media cancha. Incluso algunos cronistas sostienen que el gol mexicano se debió, por un lado, al deseo genuino de ganar y, por el otro, a una chiripa. Vi el partido y, aunque no soy experto, algo se de futbol pues me gusta el buen espectáculo, soy Puma de corazón y, por supuesto, soy uno de los 130 millones de entrenadores que tiene México.
Aparte de lo anterior, vi con asombro el festejo de casi un millón de mexicanos en las glorietas de la Angelina de la Independencia, en la fuente de Minerva en Guadalajara y en algunas otras plazas públicas del territorio nacional. Me causó desazón y tristeza observar cómo el pueblo mexicano está tan agobiado por sus problemas cotidianos que festejó ese pírrico triunfo como si los ratones verdes se hubiesen coronado campeones del mundo.
Que quede claro cuanto antes, me dio gusto el triunfo deportivo. Pero no más. Sólo fue el segundo partido y falta mucho por jugarse. De ahí que me detengo a reflexionar acerca de la situación de millones de mexicanos víctimas de la inseguridad pública, de la pérdida de horas debido al pésimo servicio de transporte público, del deterioro económico y una inflación real que supera por mucho las cifras oficiales, de sus avatares por mantener su empleo o subempleo. En fin, estamos tan mal que necesitamos festejar, gritar, bailar y autoengañarnos a fin de desahogar nuestros problemas (que no solucionarlos) y desplegar una falsa esperanza de victoria en algo. Aunque sea en el deporte popular con costos inaccesibles para la gran mayoría de la población.
Los locutores de Televisa y Televisión Azteca se hermanan a fin de denostar y calificar de traidores a la patria a quienes nos referimos al representativo mexicano como ratones verdes. Esas empresas están coludidas con el gobierno en turno, sin importar el partido en el poder, a fin de desplegar la máxima romana “al pueblo pan y circo”. Es decir, se trata de alienar a la masa, que pierda identidad y distorsione su consciencia en frivolidades.
Las noticias de los festejos fueron de saldo blanco, pero solo en la ciudad de México la gente ensució las calles con cuarenta millones de toneladas de basura, deterioros a los camellones, destrucción de la flora y a algunas partes ecológicas de los jardines y severos daños a la infraestructura urbana. Hubo pleitos, violencia, alcohol en exceso y robo a carteras y celulares. De hecho, la policía reporta cinco detenidos. En fin, es tal la desesperación social por tener un momento de gozo que el festejo fue una especie de catarsis social o válvula de escape.
Darle rienda suelta al desahogo es común en personas y sociedades reprimidas y deprimidas. Eso fue lo ocurrido después del partido. Así que para cuando se publique este articulo ya se habrá jugado el tercer partido. Si ganó el equipo de Aguirre me volverá a dar gusto y presupongo que los desmanes habrán sido de locura.
La sociedad mexicana está ávida de paz, crecimiento y certidumbre. Algo que la gestión Sheinbaum no logra otorgar. La mediocridad de su gobierno hoy está escondida debido al circo futbolero. Pero tiene que buscar el pan, pues próximamente la cruda de la derrota será una realidad y la historia nos enseña que las sociedades no asumen su responsabilidad, tienden a culpar a alguien y ese alguien es habitualmente el gobierno.