Luis Mena Pantoja

“Todo lo santo es profano” (2023), de José Manuel Valenzuela Arce y Pável Valenzuela Arámburo, es una obra que busca indagar en los aspectos sacros y profanos que conforman ciertos rasgos de la emoción religiosa y la voluntad de creer, presentes en el inconsciente colectivo de amplios sectores de la población mexicana.

En este texto los autores analizan los casos de Jesús Malverde, la Santa Muerte, el Niño Fidencio y Juan Soldado como santos populares y religiosidades sincréticas que recuperan elementos de diversas matrices religiosas.

Durante la presentación de este libro, efectuada en la Sala Federico Campbell del Centro Cultural Tijuana, dentro de ciclo “Diálogos desde la frontera”, organizado por este centro cultural y El Colegio de la Frontera Norte (COLEF), se explicó la expresión mística que rodea ciertos cultos populares que encuentran sus antecedentes en figuras reconocidas como héroes populares, que adquieren fuerza particularmente en las comunidades transfronterizas.

En la plática estuvieron presentes ambos autores, bajo la conducción de Juan Antonio Del Monte, Doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Sociología por El Colegio de México, quien aseguró que “es obvio que, para comprender gran parte de los códigos de la cultura popular, se tenía que ver a través de estos santos, de estas creencias que son de enorme valor académico y de gran importancia científica”.

“El libro coloca la idea del mito, del encantamiento, de todas estas fuerzas mágicas, como una forma de resignificar el mundo, de darle sentido a los procesos de vida y a los procesos de muerte”, afirmó Del Monte, quien es profesor e investigador del Departamento de Estudios Culturales del COLEF.

En la charla recordó la historia de Jesús Suárez Mazo, “un salteador de caminos, una clase de Robin Hood, personaje que ayudaba a los pobres y se va convirtiendo con el paso del tiempo en Malverde, quien se vuelve un santo popular”.

Con relación a La Santa Muerte, el investigador explicó que “es una tradición muy antigua, hablamos de Mictecacihuatl y Mictlantecuhtli, diosas del inframundo y con ellas estamos hablando de esta forma de construcción cosmogónica”; y sobre Jesús Fidencio Constantino Cintora, conocido como “el Niño Fidencio”, reseñó que “se va a la frontera de Nuevo León, va a Coahuila y ahí va a crear un pueblo básicamente a partir de sus dones curativos,  tenía un leprosario y un lugar donde curaba los enfermos mentales”.

Finalmente, al referirse a la fuerza de los santos populares, se refirió a Juan Castillo Morales alias “Juan soldado”, a quien “se le hace un juicio sumamente irregular, la gente quema palacio municipal, quema las oficinas de la policía, cierra la Línea Internacional, se declara el día sangriento de Tijuana, hay enfrentamiento entre la C.R.O.M y la C.T.M y se le ejecuta públicamente bajo el amparo de la ley fuga”.

Por su parte, los autores se enfocaron en interpretar los procesos socioculturales y de precarización social, a través de los cuales se generan manifestaciones conformadas por religiosidades populares que han agrupado a un conjunto de santos anclados a temas y ámbitos transfronterizos.