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Crisis de hegemonía

Enrique Escobedo 

La palabra crisis en México y en China significa peligro, riesgo o amenaza. Pero el mito sostiene que en aquella nación significa oportunidad. De hecho, hablar de una crisis es aludir a un momento crucial, lo cual implica que hay que decidir y al hacerlo desplegamos el proceso de toma de decisiones y ahí puede acontecer que se abra una oportunidad, pero puede acaecer que la oportunidad no llegue debido a las circunstancias. 

Dicho lo anterior y con la información que poseo en calidad de ciudadano de a pie concluyo que Morena, el partido oficial y de Estado son lo mismo, vive una crisis de hegemonía.  Lleva ocho años en el poder y su fuerza política es inminente debido a la cantidad de recursos financieros que maneja, pues ese dinero es la suma del presupuesto oficial más el que le otorga el INE. De ahí que la presidenta, con su típica visión unidimensional está confiada en que ganará 15 o 16 de las 17 gobernaturas en las elecciones del próximo año y que mantendrá el mayoriteo en la Cámara Baja. Pero, esa visión de triunfo y poderío que hoy vive el partido hegemónico no significa que esté más fuerte y unido. Su crisis deriva de sus actitudes antidemocráticas y el desaseo en el manejo de las formas políticas y administrativas de su gestión. 

La crisis de hegemonía de Morena está en: a) la dualidad del mando, pues es del dominio público que vivimos un nuevo Maximato; b) la mediocridad de muchos de los titulares de los gabinetes de la Administración pública centralizada y paraestatal; c) la corrupción e impunidad que ya infecta a ese movimiento; d) las zancadillas por la sucesión presidencial que ya empiezan a aflorar; d) la tensa relación con la gestión Trump y cuyo desgastado discurso hipócrita es la defensa de la soberanía; e) la lucha entre las izquierdas moderada y radical; f) la falta de resultados positivos en materia de alimentación, salud, educación y trabajo; g) la falta de respeto a otras ideologías partidistas; h) la aprobación de leyes al vapor proclives al gobierno y no a la ciudadanía; i) la sumisión del poder judicial al ejecutivo; j) la pérdida de honorabilidad de la política exterior mexicana; k) la censura, aún tímida, a las redes sociales y a los medios de comunicación; l) negación a apoyar a las madres buscadoras de los desparecidos involuntariamente; m) la errática conducción de la política económica; n) la prácticamente nula atención a la protección ecológica; o) el maquillaje a las cifras de seguridad pública; p) la austeridad republicana para las instituciones gubernamentales y el despilfarro ostentoso de recursos entre legisladores; q) el centralismo asfixiante que ya no soportan entidades y municipios y, r) la pobre y lánguida política cultural.

Por supuesto que hay más elementos críticos que ya conducen a Morena a la pérdida de su hegemonía. Ya somos muchos quienes vemos que la democracia se degrada en México y que los Derechos Humanos son manipulados ante la falta del respeto a la vida institucional.

No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír. Vamos hacia una elección de Estado el próximo año y por eso ganará Morena, pero su crisis de hegemonía ya empezó.