Paco Ramírez / @ramirezpaco
Mientras el presidente transita por la segunda mitad de su mandato y alienta la carrera por la sucesión presidencial, son muchas las piezas que está moviendo en el tablero de ajedrez político.
En su afán de consolidar su proyecto “transformador” negocia la impunidad de sus adversarios para doblarlos e incrementar el poder presidencial o bien con fines electorales o de venganza personal.
En este sexenio los hilos del poder se han movido a partir de la aprehensión de Rosario Robles, la renuncia forzada de Eduardo Medina Mora como ministro de la Suprema corte y la persecución judicial contra su contrincante en la elección presidencial, Ricardo Anaya, quien terminó huyendo ante el riesgo de ser detenido.
El último, Jesús Murillo Karam el ex procurador general de la república en tiempos de los 43 de Ayotzinapa y creador de la llamada “verdad histórica” a quien mantiene en prisión en espera, seguramente de algún acuerdo de corte electoral.
Los hilos siguen moviéndose con quienes hay cuentas pendientes o se les puede sacar raja política. Ahí está la extradición del ex director de Pemex, Emilio Lozoya, protagonista central del escándalo de Odebrecht, quien recibió los beneficios de la justicia selectiva, listo para volver al proceso en libertad que derivaría en un caso más de impunidad, cuando pudo ser modelo de la lucha contra la corrupción.
Y qué decir de las 16 designaciones hasta ahora, de embajadores o cónsules como premios al entreguismo y la lealtad a ciegas, principalmente a gobernadores de la llamada oposición, el más reciente Carlos Joaquín González aún gobernador de Quintana Roo.
Aun así, jura que no es igual a los del pasado.
Un poder ejecutivo que ha confrontado a los otros poderes de la Unión para someterlos y lograr que decidan a su favor, haciendo uso de su indudable capacidad de operación política.
Arribamos así al caso de Alejandro Moreno, dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), a quien doblegó a los ojos de todos hasta ponerlo de rodillas ante él, para tomar por asalto las conciencias priistas y obligarlas a forzar la mayoría relativa que requería para mantener al Ejército en las calles hasta 2028, a cambio de la impunidad de ‘Alito’ entre otros priistas con largas colas arrastrando.
Lo peor del caso son los alcances de esta nueva alianza: hablamos del empoderamiento del Ejército, más que nunca en su historia, ¿A dónde nos llevará esto?
Hablamos también de la estocada final al PRI o del surgimiento ya oficial del llamado PRIMOR, además de la destrucción de la posición marcada en la alianza Va por México, que, con dificultades venía abriéndose paso y haciendo un contrapeso efectivo en el Congreso.
Por delante viene ahora el embate total contra el INE de cara a las elecciones de 2024.
A todo esto, la gran interrogante es ¿A dónde carajos nos llevará un régimen presidencialista autoritario, respaldado por el Ejército, sin contrapesos y sin oposición?
O reaccionamos, o nos lleva la…
¿Quién pone orden en la casa?














