Enrique Escobedo

Los procesos sociales no son lineales y de ahí que avanzan y retroceden. Uno pensaría, por ejemplo, que la esclavitud en México ya fue superada y de repente nos encontramos que, en el rancho de Izaguirre de Teuchitlán, Jalisco, un grupo de esclavistas dedicados al narcotráfico reclutaban y vendían seres humanos y, en su caso, los asesinaban si acaso no servían en la realización de sus trabajos forzados. Me dirán que no era el Estado quien avalaba la actividad, pero bien sabemos que la existencia de ese centro y otros sobrevivió debido a la política estatal de no molestar, ni agredir a los esclavistas. El retroceso del Estado de derecho menguó la democracia en México.

Otro ejemplo de retroceso democrático es el de la desaparición de la división de poderes. Es una fachada barnizada de democracia, pero bien sabemos que lo que se avecina es el regreso al presidencialismo imperial, autocrático y sin contrapesos. Nadie se engaña, será la presidenta de la República quien determine el destino de la justicia, sin apego al debido proceso, ni a la legalidad.

En la lista de retrocesos encontramos el fin de la trasparencia y rendición de cuentas. Con la desaparición del órgano constitucional autónomo conocido como INAI vino el fin de la deliberación respecto a temas que ciertas dependencias de la Administración pública se negaban a informar. Es decir, los consejeros del INAI analizaban asuntos que las instituciones gubernamentales consideraban imprudente transparentar. Dicho análisis se ejercía bajo el principio de Máxima Publicidad que sustenta que si había duda entre los consejeros acerca de una petición, lo consecuente era abrir la información. Ahora el órgano administrativo “Transparencia para el pueblo” está adscrito directamente a la titular de la secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno y, por lo mismo, ya no hay espacio de debate, ni de dar cabida a la duda. El gobierno centralizado decidirá unilateralmente.

La sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados del partido de Estado y sus satélites es otro retroceso, pues la pluralidad y la tolerancia han sido arrinconados. Hoy las iniciativas de ley que proceden del poder Ejecutivo pasan sin que se les modifique una coma. Peor aún, se aprueban sin ser leídas. En otras palabras, la falta de apertura a la disputa analítica es prueba de que la maquinaria aplastante del Estado actúa sin contemplaciones, sin escuchar, ni atender una posible mejora. Por cierto, la pablara diputado viene de disputar ideas. Pero la etimología del concepto es en Morena lo de menos.

Un avance es que ya se abrogó la idea de reelección de cargos de elección popular. La reforma política de 2014 fue un absurdo que atentaba contra la movilidad política y social. De hecho, anquilosaba al poder legislativo. Más aún, quedó demostrado que la mejora continua y la actualización de conocimientos de los diputados y senadores brilló por su ausencia. Es un acierto evitar la reelección en cargos de elección popular en los poderes legislativo y ejecutivo.

Es cierto, escogí cinco ejemplos de una lista de poco más de veinticinco elementos que singularizan y constituyen teóricamente una democracia. Por supuesto que pude escoger otros, pero me encontré que son muchos más los retrocesos que los avances y, en efecto, este artículo sólo es una muestra de que la democracia en México ha retrocedido desde que nos gobierna Morena.