Por Rubén D. Arvizu- Escritor y ambientalista.

Un reciente artículo publicado en The Wall Street Journal revela que, desde la llegada de ChatGPT, las calificaciones “A” se han multiplicado de forma exponencial en universidades y colegios de todo el mundo. Lo que a primera vista podría parecer un éxito educativo, en realidad es una señal de alarma: estamos presenciando el posible declive del razonamiento propio por la excesiva dependencia de un tutor artificial.

La IA es una herramienta extraordinaria. El problema no está en la tecnología, sino en cómo la estamos usando: no como un aliado para aprender y razonar mejor, sino como un atajo para evitar el esfuerzo de pensar por nosotros mismos.

Los estudiantes entregan trabajos impecables que en realidad no escribieron ni investigaron, obtienen excelentes calificaciones, y las instituciones, por comodidad o para evitar confrontaciones, prefieren mirar hacia otro lado.

Este no es un fenómeno aislado. Es el mismo patrón histórico que hemos visto desde la invención del telégrafo, el teléfono hasta el internet: tecnologías que en un principio fueron aprovechadas principalmente por las élites para su beneficio, y que después se popularizaron. Herramientas poderosas que han sacado tanto lo mejor como lo peor de la naturaleza humana, incluyendo la tendencia a difundir mentiras, exageraciones y confusiones.

El peligro es enorme. Estamos formando una generación que parece más inteligente que nunca, pero que está atrofiando su capacidad real de razonamiento. Cuando llegue el momento de enfrentar problemas complejos —éticos, ambientales, políticos o existenciales— que las máquinas no pueden resolver solas, nos encontraremos con mentes acostumbradas a delegar el pensamiento en lugar de ejercerlo.

La verdadera educación no consiste en producir textos perfectos. Su propósito fundamental es formar personas capaces de razonar con claridad, creatividad y responsabilidad en un mundo donde las máquinas ya superan al ser humano en muchas tareas.

Si permitimos que la IA haga el trabajo pesado del pensamiento en las aulas, estaremos creando la generación más calificada en apariencia… y más vulnerable en esencia.

Es hora de que autoridades, universidades, profesores y estudiantes establezcan límites claros y cultiven una nueva cultura de integridad intelectual: usar la IA como un buen ayudante, y no como un peso que nos hunda.