Enrique Escobedo
El presidente de la República Andrés Manuel López Obrador y su gobierno cumplieron cinco años al frente del destino nacional. Son cinco años de claroscuros como ocurre en toda administración. Tal vez algunos sexenios han sido más claros que oscuros y viceversa. Todas las gestiones presumen sus logros y procuran minimizar sus fiascos. Es un hecho que los titulares del poder Ejecutivo Federal quieren pasar a la historia en calidad de estadistas y visionarios, pero en esencia su paso es efímero y su recuerdo es de gobernantes sin la estatura que ellos soñaron. Más aún, en lo general se les recuerda como personajes que lo intentaron y tuvieron ciertos logros, pero la sociedad es un jurado difícil y su juicio es muy exigente.
Evaluar la obra de un sexenio al quinto año es recomendable por varios motivos. Destaco tres: el primero es que sus resultados generales nos permiten tener una idea aproximada de la forma en que terminará su periodo presidencial, por lo tanto, el voto empieza a perfilarse y se sabrá si predominará el voto de castigo o de ratificación al gobierno en el poder. El segundo elemento para evaluar es el del goce de la calidad de vida que tuvimos los habitantes de la nación. Lo cual es altamente subjetivo y la visión es de percepción, por lo cual nuestros bolsillos en particular son los que hablan y deciden. El tercer elemento es el de las libertades que gozamos y la permisibilidad gubernamental de gozarlas.
La actual administración, mediante una espléndida mascarada de comunicación masiva nos dice que vamos muy bien, que en economía vamos hacia arriba, que en servicios de salud nos aproximamos al primer mundo, que la educación dejó de ser clasista y racista y que el asunto de la seguridad pública es una herencia del neoliberalismo, que mejora y que la tesis de abrazos y no balazos es la correcta.
Difícilmente son creíbles esos argumentos, pero resulta que el presidente todas las mañanas repite esa mentira mil veces hasta convertirla en verdad. Él se ostenta como un hombre democrático y desde el pulpito mañanero dice que esas conferencias de prensa son el equivalente a la transparencia y la rendición de cuentas. Entonces, en nombre de la libertad de expresión viola los principios de igualdad y equidad de las campañas electorales y catapulta a su candidata. En los hechos es el coordinador de la campaña de su partido y así sienta las bases de una elección de Estado.
Su quinto año es a todas luces un auto festejo y un claro autohomenaje a si figura. Pronto las fiestas decembrinas envolverán la atmosfera y en enero empezaremos a ver inauguraciones de obras públicas. También escucharemos discursos aduladores encumbrando al hombre de Macuspana, veremos actos bochornosos y pantomimas de pena ajena y por supuesto a un circo de focas aplaudiendo el cierre del sexenio.
Después todo eso será anécdota grotesca y en una veintena de años la historia empezará a describir el actual sexenio, si acaso tengo vida y tengo oportunidad de releer mi artículo de esta semana sé que tal vez yo esté errado, pero no lo creo. Los festejos del primer día de diciembre de 2023 en el aeropuerto de Tulum serán objetivamente bien vistos, pero el entorno nacional será visto de debacle y frustraciones.