Enrique Escobedo
Pravda es una palabra rusa y significa verdad. Fue un periódico fundado en 1908 por un grupo de socialdemócratas rusos y con el triunfo de la revolución Bolchevique se convirtió en la publicación oficial del Partido Comunista Soviético. Por cierto, esa misma idea de que el gobierno tuviese un periódico oficialista que difundiera con pompa y gala los triunfos y minimizara sus fallas fructificó en México con el diario El Nacional. En ambos casos ese surco se agotó. De hecho, Pravda fue privatizado en 1991 durante la gestión de Boris Yeltsin y seis años después lo adquirió el Partido Comunista de la Federación Rusa, pero con una tirada muy inferior a la que tenía durante la guerra fría. Por su parte El Nacional dejó de publicarse en 1998.
La idea de que los gobiernos tuviesen un órgano de difusión ideológico que ensalzara sus logros, denostara a sus enemigos, enviara mensajes cifrados a fin de señalar el rumbo y “dar línea” tuvo algunos aciertos, pero en general se trataba de una idea paternalista, unidimensional y estaba más cerca del autoritarismo que de la democracia. El fin de Pravda significó tener la posibilidad de que las sociedades ex soviéticas conocieran otros puntos de vista, debatieran nuevas ideas y recuperaran los valores de la crítica y la autocrítica.
En el siglo XXI sería absurdo que un gobierno monopolizara la información y nos obligase a la sociedad a sólo leer un periódico, escuchar una exclusiva estación de radio y ver un único noticiero televisivo. Afortunadamente las redes sociales, los satélites y las telecomunicaciones nos abren prácticamente infinitas gamas de enterarnos acerca del diario acontecer de nuestro país y del mundo. De hecho, nos parecería absurda la idea, por ejemplo, de que la administración del presidente López Obrador volviera a editar “El Nacional”, pero todas las mañanas, sus seguidores, equipo de colaboradores y funcionarios públicos están atentos a recibir “línea” y entonces me doy cuenta de que aquel periódico del oficialismo priista del siglo pasado se transformó en medio electrónico. Ahí sí hubo transformación.
Lo que estaba escrito en Pravda durante la época soviética era la única verdad y no había posibilidad intelectual de cuestionar y mucho menos de dudar. Hoy con las conferencias mañaneras el presidente dice, de dientes hacia afuera, que le da gusto que en México existen muchos medios de comunicación escritos y electrónicos. Sin embargo, al igual que ese medio soviético de comunicación asume que él es el poseedor de la única verdad, sostiene en los hechos él puede – con todo el poder del Estado – señalar a una persona y metafóricamente hablando pulverizarla. Más aun, la forma mediante la cual el tabasqueño se expresó de unos escritores y pensadores que apoyan a la candidata Xóchitl Gálvez es algo más cercano al fascismo que a la democracia. Más aún, la respuesta oficialista no tardó y ya se publicó otra lista, cuantitativamente hablando más extensa, de nombres de creadores e intelectuales apoyando a la candidata Sheinbaum.
No identifico a muchos de los firmantes de ambas listas, pero a muchos los leo, veo sus películas, les aplaudo sus obras de teatro, admiro sus pinturas y comentó los artículos, pues a mi parecer todos son intelectuales, independientemente de sus preferencias políticas. Los nombres que ahí aparecen me merecen mis respetos. Sin embargo, para Pravda versión mañanera, hay intelectuales y pseudo intelectuales, pues el presidente se considera moralmente impoluto y no puede existir algo que no sea su verdad.














