Enrique Escobedo
La expresión “voluntad política” tiene dos acepciones, la positiva que se refiere a la persona independiente, decidida, con empuje, dispuesta a colaborar y ayudar debido a su espíritu comedido y de benevolencia. La negativa que es sinónimo de caprichosa, poco tolerante a los límites y a las normas jurídicas, administrativas y vinculadas con lo socialmente correcto. En ambos casos el propósito que algo se haga o no se haga, lo que cambia es la forma.
La voluntad política, como algo positivo, en el campo del gobierno en acción, sucede por motivos psicológicos, ideológicos, compromisos adquiridos, deseos de responder a demandas y necesidades sociales o a la construcción de políticas públicas, por lo que requiere de esfuerzos individuales, en equipo, de estabilidad en el andamiaje institucional y de la energía para el cumplimiento de objetivos y metas dentro de la cordura y la razón. Aunque llegan a darse casos – debido a la acepción negativa – de que algunos servidores públicos la conciben como la posibilidad de realizar algo “por sus pistolas” o porque ellos así lo ordenan.
De ahí que la voluntad seria está indisolublemente vinculada con el conocimiento de la Administración pública. Léase, entender la complejidad de las organizaciones, el manejo y límite de los recursos, el comportamiento de la burocracia, los sistemas y procedimientos y, por supuesto, de Derecho Administrativo.
El tema de la voluntad política es por lo tanto un estudio de los límites, lo permisible y, en su caso, el valor agregado de darle celeridad a algún trámite o conciliar intereses con el propósito de destrabar algún procedimiento. Pero de ninguna manera es ir más allá de lo enmarcado por la ley. Consecuentemente la voluntad debe ser aseada y vinculada con la ética, pues no se trata de desbordar o escarnecer algo o a alguien por capricho.
Todos los políticos, en México y en el mundo, desde que el ser humano vive en sociedad deben tener una serie de actitudes y aptitudes que los hacen políticos. Es decir, un perfil especial en el cual la voluntad política es esencial e indispensable. Por eso la categoría que nos ocupa requiere que también se le conciba en los casos coyunturales, pues las circunstancias orientan las decisiones y redefinen los límites de la voluntad. No es lo mismo crear instituciones, darles cauce y solucionar problemas, que desmantelar instituciones y negarlas porque fueron creadas bajo regímenes de ideología diferente. Es cierto, en sendos casos, se trata de la voluntad política, pero con intensiones diametralmente opuestas. Tampoco es lo mismo la voluntad política para unir a una nación que para confrontarla y dividirla.
Las democracias modernas señalan la importancia de reconocer la pluralidad y la tolerancia como valores y que la voluntad política se caracterice por la inclusión a fin de que la convivencia pacífica detone crecimiento y desarrollo. Empero si la voluntad política de un gobernante es el ocultamiento de datos, la siembra del rencor y el señalamiento o acusación de estratos sociales, lo que se cosechará serán tempestades. Lo peor es que posteriormente la voluntad política será insuficiente para rencauzar la convivencia social.
La voluntad política tiene límites y algunos se deben a que en muchas ocasiones falta de tiempo, las estrategias y tácticas son deficientemente planeadas o defectuosamente ejecutadas. También es debido a que los sistemas y procedimientos de conciliación y operación política fueron desarmados y no se crearon sustituciones.
La actual gestión ha demostrado genuina voluntad política para estigmatizar a quienes piensan diferente y para desmantelar un sistema económico, pero sin crear otro alterno. Es legitima la aspiración de la transformación, de eso no cabe duda. También es importante el apoyo a la prevención y combate a la corrupción. Sin embargo, recordemos que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones, lo que significa que de nada sirven los buenos propósitos, si no van acompañados de obras y de hechos. Ahí es donde se materializa la voluntad política, pero por lo visto ésta sigue siendo verbosidad.













