- En 2006, el entonces presidente Felipe Calderón ordenó a la milicia salir de los cuarteles para combatir al crimen y el narcotráfico
- En 2007, el general José Francisco Gallardo Rodríguez (QEPD), alertó la grave deserción de 150 mil soldados en 5 años. Hoy, el presidente López, militariza México
Guillermo Pimentel Balderas
Quienes se han formado en escuelas militares, sean miembros del cuerpo de oficiales o de la tropa, saben que, para mantener la disciplina, la estructura de mando del Ejército es: “Las órdenes se cumplen y no se discuten”.
La Constitución Política establece que el presidente de la República es el comandante Supremo de las Fuerzas Armadas (Ejército-Marina y Guardia Nacional) y “ejerce el mando con todas las funciones y atribuciones respectivas”.
Un ejemplo de que, Andrés Manuel López, no solo lo hace a la perfección en la milicia sino también en lo civil, en especial en su gabinete, es la orden que dio: “llueve, truene o relampaguee” se regresará a clases presenciales; o sea, deja ver que, como en el pasado, las órdenes presidenciales se cumplen y no se discuten.
Estudiosos y políticos, consideran que para lograr la adecuada aplicación de los recursos públicos y garantizar la conducta ética de los servidores públicos, es evitar la impunidad, porque de nada nos sirve tener un marco jurídico perfecto si las leyes no se aplican a todos.
En 2006 el entonces presidente Felipe Calderón ordenó a los elementos del Ejército salir de los cuarteles para combatir a los grupos del crimen y el narcotráfico. Aquel año fueron enviados a dichas tareas 37 mil 253 elementos, de acuerdo con la Sedena. Asimismo, en 2006, 2007 y 2008, se tienen registradas más bajas militares que, coinciden con el inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico, que inició el 11 de diciembre de 2006.
Pero, como si fuera un paradigma en este 2021, en 2007 (hace 14 años), en una entrevista que hice al general José Francisco Gallardo Rodríguez (QEPD) -encarcelado más de ocho años por órdenes del alto mando militar, al proponer la creación de un “ombudsman militar” y la reforma del Ejército, en 1993-, dio cuenta de la grave deserción de 150 mil soldados en 5 años.
Consideró que, en 2007, hubo una declaración de guerra unilateral que hizo el Poder Ejecutivo al tomar la decisión de involucrar a la milicia en esta lucha. Dejo entrever que el Ejército como cualquier institución del Estado con una función perfectamente bien definida, si alguna vez se desvía de su actividad primordial o constitucional, “es posible que se corrompa”. Y como ejemplos, tocó los casos de los generales Arturo Acosta Chaparro Escapite, Francisco Quiroz Hermosillo y Jesús Gutiérrez Rebollo.
Criticó la ilegitimidad e inconstitucionalidad del decreto de Calderón que se apoyó en la jurisprudencia que emitió la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en la administración del ex presidente Ernesto Zedillo, la cual, admite –cuando la autoridad civil lo solicite – el apoyo del Ejército para asuntos de orden policiaco interno.
Por otra parte, hoy, todo parece indicar que el presidente López sigue el mismo camino errado de Calderón para atacar al crimen organizado sin importar sus muchísimas facetas: narcotráfico, trata de personas, contrabando, migración ilegal, tráfico de armas, pederastia, piratería, entre otros.
¡Huye la tropa! ¿De los delincuentes?













