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Artículo / La suerte está echada

Enrique Escobedo

La expresión latina “alea iacta est” léase “la suerte está echada” se le atribuye a Julio Cesar cuando cruzó el río Rubicón con sus tropas rumbo a Roma. Hoy se utiliza cuando ya no hay punto de retorno o ya no hay vuelta atrás. Tal es el caso del partido Morena y su caudillo Andrés Manuel López Obrador quien ya se pronunció, mediante el histórico dedazo disfrazado de encuesta, a favor de la señora Claudia Sheinbaum a fin de que sea su sucesora y ocupe la presidencia de la República.

Queda claro que el proceso utilizado por Morena resultó desaseado y que las torpezas cometidas por Mario Delgado y Arturo Durazo fueron grotescas. Pero eso es lo que menos le importa al presidente de México. Él está dispuesto a imponer su voluntad, así sea por encima de la ley, por eso muchos ciudadanos tenemos sospechas fundadas de que su deseo es imponer un Maximato a fin de seguir gobernando. Sobre todo, porque su estrategia de prolongación de mandato le falló y también es nítido que su Revocación de Mandato no le resultó tan fructífera como el hubiese deseado a fin de legitimar una posible reelección.

Por lo anterior muchos nos preguntamos acerca del proceso electoral que se avecina, pues por lo observado la señora Sheinbaum no demostró ser una oradora convincente, tampoco logró despertar pasiones y mucho menos excitó a las masas. De todos es sabido que las manifestaciones de las llamadas corcholatas eran actos de acarreados y de paleros que a cambio de algunas recompensas acudieron a dichos mítines.

Ahora la situación es diferente ya que seremos muchos los que observemos con atención lo que ella nos propondrá más allá de aludir a un segundo piso de la quimérica cuarta transformación. En lo personal me interesa escuchar su discurso, sus planteamientos y sus ofertas. Me atañe saber que es lo que ella ofrecerá en materia de salud, educación, trabajo, seguridad pública e infraestructura. Tengo deseos de que nos explique sus propuestas en materia de política económica y de desarrollo sustentable y sostenido. A partir de que fue ungida la tomo en serio pues poco a poco tendrá que demostrar aplomo político, ideas propias, serias y conceptuales y, sobre todo, su idea del Estado de Derecho.

Ya no es una corcholata, ya no es la jefa de gobierno de la Ciudad de México. Es posiblemente la próxima titular del poder Ejecutivo Federal y un gran poder exige grandes responsabilidades. Ella ya no compite contra colegas de su partido. Ahora enfrenta a una oposición, a un electorado decidido a no votar por ella y a sectores otrora simpatizantes del hombre de Macuspana y hoy desilusionados.

Ella ya sabe y sus asesores le habrán confirmado que poco a poco tiene que deslindarse de algunas políticas del gobierno actual. Tal vez su lealtad hacia el líder de su partido es absoluta, pero le deberá más lealtad al país. Tendrá que asumir posiciones críticas y aceptar que revisará algunas estrategias hoy vigentes; entre ellas la de seguridad. Su necesidad de votos le exigirá revisar lo logrado y analizar, en su caso, la posibilidad de proponer nuevas políticas públicas.

La suerte está echada a favor de ella y en contra del presidente López Obrador. El avance del tiempo es ineludible y las fechas del calendario ya están marcadas. La decisión ya es de ella y de nadie más. Ahora deberá leer el tiempo político, atender a su sensibilidad política y cortarse el cordón umbilical si quiere sinceramente ser presidenta de México.