Enrique Escobedo

Benito Juárez García nació un 21 de marzo de 1806 en Oaxaca en plena guerra de independencia y fue testigo de la guerra con Texas (1836), la guerra de los Pasteles (1838), la invasión norteamericana (1847), los fatídicos golpes de Estado de Antonio López de Santa Anna y los interminables cuartelazos entre centralistas y federalistas. Además de que conoció, en calidad de preso político la cárcel de San Juan de Ulúa y vivió en el exilio, tanto en Cuba, como en Nuevo Orleans. De ahí que esas vivencias templaron en buena medida su carácter. Su herencia histórica está cargada de claroscuros, pues por un lado logró el triunfo de la República sobre el Segundo Imperio, condensó el Estado Laico y forjó una tradición liberal, por el otro están los tratados McLane-Ocampo. Es justamente el ser humano complejo, impasible, por momentos contradictorio y en otros obsesivo por no decir obcecado por el poder que su figura llama la atención. Le debemos mucho y su lugar en la historia es merecido.

Venustiano Carranza nació en Coahuila en 1859, en plena guerra de Reforma y cuando gobernaba Benito Juárez. A la edad de 17 años, en 1876 asumía la presidencia de la República Porfirio Díaz. De ahí que las lecciones de historia de México las aprendió de su padre, el coronel Jesús Carranza, así como se sus infatigables lecturas acerca de la historia mundial y de México. Se dedicó a la política en su municipio y en su estado natal, ocupó, en su momento, los cargos de presidente municipal, diputado local, senador y en 1908 ocupó la gubernatura de su Estado de manera interina. Más aun, fue un hombre cercano a Bernardo Reyes y su simpatizante. De ahí que no abrazara en primera instancia el maderismo. Sin embargo, supo definirse con la causa del Partido Antirreeleccionista en su momento y de ahí que Francisco Madero lo designara, en su gabinete provisional, secretario de Guerra y Marina. Posteriormente sería gobernador electo por su estado natal y, llegado el momento, desconocería al usurpador Victoriano Huerta y en marzo de 1913 proclamó el Plan de Guadalupe, con lo cual se reorganizaron las fuerzas revolucionarias y él se asumió como jefe del Ejército Constitucionalista. Finalmente será formal, legítima y legalmente presidente de México de 1917 a 1920.   

Ambas biografías nos hablan de dos hombres con vocación, pasión y emoción por el poder. Léase, animales políticos con la suficiente sensibilidad de entender los cambios sociales, de estar al tanto y adecuarse a las circunstancias, de saberse rodear de competentes colaboradores y, sobre todo de entender el contexto político con visión de Estado. En otras palabras, fueron lo suficientemente tenaces y obstinados e incluso los calificaría de empecinados por mantenerse en el poder. Dos figuras que tal vez en otros contextos hubiesen sido calificados por la historia de intransigentes.

Ahora tenemos la figura de un hombre tabasqueño que nació en 1953 bajo el manto del Partido Revolucionario Institucional, un partido político en el cual se formó y del cual amamantó más la politiquería que la política, más del recurso leguleyo que de la visión de Estado y recogió la idea de la disciplina partidista cuando él es el encumbrado. Un animal político que se estancó en la década de los años setenta del siglo pasado de nuestro país y que al igual que Juárez y Carranza tiene vocación por el poder, pero en circunstancias diametralmente diferentes. En otras palabras, tal vez sea igual de tozudo y apasionado por el poder que los dos héroes arriba aludidos, pero con la enorme diferencia de que nuestro actual presidente no entiende el contexto actual, es incapaz de ver al horizonte, no deja de mirar a su ombligo y, en su obsesión por el poder, ha demostrado falta de escrúpulos, violaciones sistemáticas a las leyes electorales, falta de respeto a la división de poderes, total desapego al Estado de Derecho, menosprecio por la ley y peligrosas actitudes mesiánicas.

México tuvo buena suerte cuando los presidentes Juárez y Carranza gobernaron en su momento, no obstante haber sido unos empecinados por el poder. Hoy tenemos un presidente tal vez igual de tozudo por el poder, pero en circunstancias diferentes y, por lo mismo, México hoy tiene la mala suerte de tener un presidente que no está a la altura de las condiciones, ni de la cultura democrática que hoy los mexicanos demandamos.