Bernardo López
Las encuestadoras no están obligadas a atinar un resultado, por ejemplo, las elecciones para la Presidencia de la República, aunque su trabajo sí es inferir un posible escenario, que es diferente a querer un número exacto.
Los datos que arrojan una encuesta deben proporcionar herramientas para corregir la estrategia que se implementa y no tomarse los números como absolutos, pues la información se debe analizar y contrastar con otros datos u otras encuestas.
Es sano para la democracia que las encuestadoras no puedan calcular un resultado exacto y no significa que lo hayan hecho mal, sino que es una muestra de que el voto se ejerce en libertad, y es probable que intervengan varios factores para la decisión, sin embargo, las personas eligen apoyar a los candidatos o proyectos con los que simpatizan.
Los cómputos distritales que dio a conocer el Instituto Nacional Electoral (INE) arrojaron 59.76 por ciento para la doctora Claudia Sheinbaum; 27.44 por ciento para Xóchitl Gálvez y 10.32 por ciento para Jorge Álvarez Máynez.
Y cuáles fueron las empresas encuestadoras que lograron acercarse más al resultado final de la elección por la presidencia de México, pues son tres, con un porcentaje menor al uno por ciento: “Algoritmo”, “AZ2” y “Covarrubias y Asociados/El Heraldo de México”; con 0.76, 0.96 y 0.96 de diferencia, respectivamente.
El resultado más lejano de las encuestadoras fue de 17.25 por ciento, de una empresa que colocó a la excandidata Xóchitl Gálvez como ganadora de la contienda, y que fue usada como arma política para sostener una presunta victoria de la candidata del PAN-PRI-PRD.
Son muchas las variables que definieron el resultado final en las elecciones generales, donde Morena obtuvo los mejores resultados: desde los programas sociales hasta los aumentos a los salarios mínimos, los cuales provocaron un sentimiento de justicia social.
Como lo hemos comentado desde varias entregas, el Ganso se convirtió en un hombre de paja, que por más golpeteo recibiera no logró menguar su imagen pública frente a los millones de ciudadanos que votaron por su proyecto. Es un tótem que nadie va a poder derribar hasta el cambio generacional.
La oposición también no entendió que Xóchitl Gálvez no estaba preparada para ser candidata a la presidencia: la imagen de entrona, dicharachera y majadera no era el mejor perfil; en todo caso Beatriz Paredes tenía una base sólida para argumentar, aunque el resultado final de la elección presidencial no hubiera cambiado.Si en realidad quisiera volver a ser competitiva la oposición necesitaría barrer con todos esos líderes impresentables, que buscan a cualquier costo perpetuarse en sus cargos dentro de los partidos políticos, y dejar que las nuevas generaciones tomen el control.















