Enrique Escobedo

La semana pasada publiqué los desafíos que tendría que afrontar, en principio, la ingeniera Xóchitl Gálvez en el caso de que ganase la elección y el licenciado López Obrador lo reconociese (algo imposible dadas sus muestras de autoritarismo e intolerancia). De ahí que esta semana escribo acerca de tres escenarios con el probable triunfo de la física Claudia Sheinbaum debido a que todo indica que se aproxima una elección de Estado coordinada por el presidente de la República.

El primer escenario es que ella gane y su partido, junto con el del Trabajo y el Verde, logren la mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso de la Unión. Entonces ya no habrá contrapesos, pues es claro que anularán a los actuales integrantes del poder Judicial y pondrán títeres abyectos al servicio de su causa. Pintarán monocromáticamente el mapa de la República mexicana y tendrán la facultad de anular en los hechos a los partidos políticos de oposición, redactar leyes vinculadas con la intolerancia y viviremos un Maximato, pues no es creíble que Andrés Manuel López Obrador se aleje de la vida política.

El segundo escenario es que Morena, el PT y el Verde logren mayoría simple en sendas cámaras. Así le sería más sencillo que le aprueben las leyes y reglamentos que requiera la señora Sheinbaum y potencialmente le resultaría menos difícil gobernar, pero no podrá realizar los cambios constitucionales que en su programa de gobierno expone. De ahí que tendría que aprender a negociar y ser más tolerante con la oposición y las llamadas fuerzas vivas del país. Cabe anotar que este escenario es el que predomina en las encuestas. Por su parte, el licenciado López obrador seguiría entrometiéndose en asuntos de gobierno.

El tercer escenario es que la coalición PAN, PRI y PRD logren la mayoría simple de la Cámara de Diputados, pero no la de Senadores. Entonces tenderíamos leyes debatidas, analizadas y un gobierno necesariamente tolerante y negociador. El mapa político del país sería multicolor y viviríamos una democracia más plena. El tabasqueño querrá influir, pero en este escenario sería la nueva presidente quien lo acote.

En materia de Administración pública será muy importante que la morenista elabore desde el principio de su gestión una reforma administrativa que realinee a las instituciones centralizadas y paraestatales, que impulse un servicio profesional de carrera sustentado en méritos y no en componendas de pago de facturas. Deberá rodearse de un equipo competente de colaboradores, sobre todo en las áreas económico-financieras y de seguridad pública. También es básico que en su equipo predominen los moderados de izquierda sobre los radicales, pues el ala dura proclive al estalinismo ya demostró serle de poca utilidad al actual presidente. Por lo que respecta a PEMEX y la CFE sería oportuno que se alejara de las actuales políticas en materia de energéticos y les exija mejorar su productividad. Los bienes y servicios que proporciona el gobierno también deben ser evaluados bajo una metodología más exigente, ya que las pifias que heredará, sobre todo en materia de educación y salud son prioritarias.

A partir de su toma de posesión me atrevo a sugerir que se aleje del discurso maniqueísta, que deje de dividir a la sociedad, que se reconcilie con el diálogo con los partidos políticos, que privilegie la inversión extranjera directa, que asuma mano firme contra la delincuencia y que fortalezca la división de poderes.

Mis pronósticos pueden variar. Lo que deseo es que tengamos un poder legislativo plural y que no permita que se aprueben leyes al vapor. Ojalá la señora Sheinbaum impida la influencia desbordada del tabasqueño y que gobierne para toda la población y que se preocupe más por una Administración pública de resultados.