Enrique Escobedo 

Para muchos, incluyéndome, fue sorpresiva la renuncia de la señora Tatiana Clouthier Carrillo (Culiacán, Sinaloa; 12 de agosto de 1964), al cargo de Secretaría de Economía de la actual gestión, pues fue la coordinadora de campaña del licenciado Andrés Manuel López Obrador. Se caracterizó por su agresividad acotada, por su fuerza e impulso. Convenció a muchos que su candidato era la mejor opción y demostró eficacia en sus labores. De ahí que me llamó la atención que no fuese miembro del gabinete al principio del sexenio y se dedicó a ser diputada federal durante algún tiempo. Al parecer ella esperaba un cargo de primer nivel, pero el presidente en su muy particular estilo de “pasteurizar” a sus colaboradores no la incluyó.  

En diciembre de 2020 la nombró secretaria de Economía en sustitución de Graciela Márquez Colín, quien demostró impericias de comunicación con el sector empresarial. Lo cual se agudizó con la salida del jefe de la Oficina de la Presidencia, el empresario Alfonso Romo. Las tensiones con el sector privado debían resolverse y todo indica que la llegada de la licenciada en Lengua Inglesa por el Tecnológico de Monterrey, Tatiana Clouthier era la solución, pues es hija del señor Manuel Clouthier del Rincón (1934-1989), quien fue uno de los fundadores del Consejo Coordinador Empresarial e incluso su presidente en el periodo 1981-1983.  

Fuimos muchos los que pensamos que era atinado ese nombramiento debido al conocimiento y relaciones que Tatiana Clouthier tiene con los empresarios organizados en sus centrales patronales y que podría transmitir, en el lenguaje de ellos, confianza a fin de que la inversión privada nacional e internacional fuese una realidad. Sin embargo, al parecer, no fue lo eficaz que debió ser. Su renuncia sigue envuelta en la opacidad, pero hay rumores de que las negociaciones con las delegaciones norteamericanas y canadienses debido a la controversia en materia energética fueron la gota que derramó el vaso.  

Dicen algunas fuentes que la parte mexicana está dividida entre moderados y radicales y que esa fractura desbordó a la señora Clouthier y, consecuentemente, fue la ruptura con el presidente.   

Ahora ya tenemos en esta administración a tres titulares en la secretaría de Economía, el mismo número en la de Hacienda, no hay algún referente de que algún empresario connotado tienda puentes entre el presidente y el sector empresarial y esa es una mala señal en materia de la conducción de la política económica nacional. Algo tenso ocurre en el gabinete Económico que desconocemos.  

Las cifras están ahí y tenemos acceso a ellas, peor aún, estamos padeciendo la alta inflación y vemos con relativo temor que la posibilidad de la recesión llegue a finales o principios del próximo año. Por si fuera poco, es fácil deducir que también el trasfondo político nos habla de que no hay armonía entre el presidente y los empresarios. 

La renuncia de la señora Clouthier es un mensaje pesimista de que la política económica se maneja desde el Palacio Nacional y que el responsable de la conducción del país no tiene una idea clara de la economía del siglo XXI.