Enrique Escobedo
La novela de G.K. Chesterton “El hombre que fue jueves” es parte de la inspiración del título de este artículo, pero no tiene que ver con el desarrollo de la obra que es una trama sobre policías, espionaje y el pensamiento anarquista. Resulta que la voz popular dice que los miércoles son el ombligo de la semana. Entonces el encabezado de este ensayo es en un juego de ideas en el que sostengo que existen políticos a quienes les encanta mirarse el ombligo, luego al espejo como el cuento de Blancanieves y vuelven a mirarse al ombligo. Son personajes que parecieran surgir de la literatura fantástica y que les podríamos llamar miércoles.
No retrato a alguien en específico, son personas cuya vanidad sopló a su oído y los dejó sordos. Peor aún, sólo escuchan lo que desean. Al igual que la madrasta de Blancanieves son envidiosos, no de la galanura de otros políticos, sino de la gente inteligente o, en su caso, de aquellos que han tenido ideas brillantes, pero los miércoles por envidia deciden despreciarlas y desprestigiarlas durante su gestión debido a que saben que son iniciativas positivas de impacto social, económico o cultural y se niegan a aceptarlas porque no son pensamientos de ellos. Sólo admiten la visión faraónica de que exclusivamente sus monumentos deben tener un lugar en la historia, aunque se trate de elefantes blancos.
El hombre miércoles es inculto, arrogante, pagado de si mismo, le gusta ser cínico, banaliza el mal, considera que es la única persona con autoridad moral para juzgar a los demás, acusa sin pruebas y señala con el dedo flamígero a los enemigos de su pensamiento político, pues además de maniqueísta es intolerante, poco inclusivo e intransigente. Al igual que casi todos los políticos es desconfiado, mentiroso, oportunista, charlatán, fanfarrón, hipócrita, no tiene amigos, pues lo que tiene son intereses.
Verse el ombligo es una metáfora que no puede llegar muy lejos. Por un lado, no tiene valor estético, pero refleja la idea de una persona incapaz de ver el horizonte y el mundo que lo rodea. Por lo mismo no ve al futuro. De ahí que los miércoles son incapaces de ponerse en el lugar de los otros y mucho menos entenderlos. De hecho, al verse a si mismos de manera deliberada lo que demuestran es su falta de empatía. Por el otro lado, su egoísmo es dañino y tienden a convertirse en manipuladores emocionales, ya que viven permanentemente insatisfechos. Por lo cual les gusta llamar la atención. Empero es común que lo hagan lamentándose y culpando al pasado y a los otros de sus circunstancias. Léase, encuentran placer en sus melodramas y llantos. Incluso en algunas personas miércoles es común el delirio de grandeza, así como el chantaje emocional y encuentran la forma de hacer sentir mal a quienes los rodean y consecuentemente les obedecen sus caprichos.
Miércoles es un político profundamente egocentrista debido a su falta de empatía, aunque diga amar al pueblo bueno y sabio, pues en el fondo lo considera inferior y da por descontado que él es merecedor de lo que ha logrado. En otras palabras, ellos son los importantes y el resto está para servir y obedecer sin cuestionamientos, ni quejas.
Que quede claro, estoy hablando de personajes de la clase política de todo el mundo y que mi narrativa sólo está inspirada en parte de la literatura fantástica política de Chesterton, los hermanos Grimm y en Jonathan Swift quien satirizó lo grotesco de la clase política de la Inglaterra del siglo XIX en los Viajes de Gulliver. Pareciera que son cuentos y novelas, pero tristemente es la realidad.












