Enrique Escobedo
El concepto del fugitivo es que se trata de alguien que huye y se esconde. En cambio, lo fugitivo se refiere a algo que pasa muy aprisa. Lo fugaz es un relativismo que en ciertos contextos lo aplicamos a la vida, por ejemplo “la vida es fugitiva”, no obstante que dure ochenta años. De ahí que son muchos los poetas y escritores que se sienten tentados a escribir acerca del tema. Uno de ellos fue Carlos Monsiváis con su libro “Lo fugitivo permanece”. Léase, una ironía muy propia de su inteligencia.
En la Administración pública las personas servidoras públicas de base y de carrera también hacen la ironía de que los nuevos sistemas y procedimientos que traen las nuevas administraciones son fugitivas y que difícilmente permearán en las formas de hacer el trabajo. Consecuentemente lo que acontece es que se engendran una cantidad de yuxtaposiciones que a la larga burocratizan aún más los trámites. Sobre todo, porque, en su caso, se aceptan a regañadientes las nuevas formas de operar, pero los controles son los mismos. Léase, lo que acontece es que las novedades en los sistemas y procedimientos se instrumentan a medias y una parte es fugaz y la otra parte es hace cotidianidad.
Son muchas las razones por las cuales las burocracias, no sólo en México, sino en el mundo acaban costando cada vez más de acuerdo con un reporte del Banco Mundial y paradójicamente tienden a ser cada vez más insuficientes, ineficaces y los resultados dejan mucho que desear. La burocratización del mundo, no obstante la informática, crece y los bienes y servicios socialmente necesarios se encarecen. Más aún, países como México que no tiene en la realidad un servicio profesional de carrera, son comunes los nombramientos en favor de personas que desconocen la operación de las instituciones en las cuales son designados y en el mejor de los casos la curva de aprendizaje dura un año con la certeza de que al cabo de seis años dejarán el cargo. En otras palabras, la falta de formación de las personas servidoras públicas la pagamos caro los contribuyentes y todo lo aprendido solo será fugaz.
Llegan al aparato público nuevos personajes entusiasmados y dispuestos a construir eso que se llama el segundo piso de la cuarta transformación. Pero son personas que ignoran, en su mayoría, las funciones, sistemas y procedimientos de sus nuevas responsabilidades. Seguramente su entusiasmo los anima a trabajar y dar resultados lo más pronto posible. Sin embargo, tardarán en aprender y ahí empezará lo fugitivo de su paso.
Afortunadamente la señora Sheinbaum no ha dicho el patético axioma “90% de lealtad y 10% de capacidad”. El servicio público nunca se mereció ese menosprecio y ahora vienen nuevas personas a engrosar las filas de la alta burocracia con la certeza de que su paso será fugaz y que lo mucho o poco que hagan será destruido en el siguiente sexenio. En pocas palabras, el equipo de Sheinbaum llega en estos momentos con la consciencia de que sus cargos en la Administración pública son pasajeros y lo único que queda es otra irónica frase: “En el servicio público mi antecesor era un corrupto y mi sucesor un inepto”. Cuánta razón tenía Monsiváis, lo fugitivo permanece.















