Enrique Escobedo

Ignoro cuántos artículos editoriales y ensayos se han escrito al amparo de la irónica expresión de que en muchas ocasiones algunos gobiernos en lugar de promover la idea del desarrollo integral lo que fomentan es el subdesarrollo. Derivado de lo anterior, decimos con sarcasmo la expresión el “desarrollo del subdesarrollo” cuando aplica para otros ámbitos de la vida. Tal es el caso de la democracia en México, pues estamos viviendo el retroceso político en diversos ámbitos institucionales entre los que destacan la anulación de facto de la división de poderes, la desaparición de órganos constitucionales autónomos, la imposición de reglas de operación desde las autoridades electorales. Peor aún, algunos estados  de la República ya son fallidos y la población vive bajo el terror cotidiano del crimen organizado. Ahora volvemos a vivir la concentración de poder en un partido de Estado que se arropa en la tesis del “carro completo” mediante una sobre representación espuria e ilegal, el presidencialismo omnímodo a través del culto a la personalidad del caudillo es una realidad, la opacidad al acotar la transparencia y la rendición de cuentas, en nombre de la seguridad nacional haciendo de ella una especie de llave mágica que justifica las decisiones unidimensionales de los actos de gobierno, es indignante. Vemos la asfixia del federalismo y el control a los estados mediante el binomio insensible de las secretarías de Gobernación y de Hacienda y los gobernadores callan.

El retroceso, mucho me temo, lo empezaremos a ver de manera más aguda ante el apabullamiento de Morena y sus aliados en el Congreso. Así las ideas de inclusión, debate, dialogo, tolerancia y respeto a las minorías serán asuntos del pasado o aspiraciones y suspiros repletos de nostalgia. El renacimiento del partido de Estado totalizante y, una de esas, totalitario está apoderándose de la vida nacional y de sus instituciones con su visión unidireccional del rumbo e idea mono-discursiva del desarrollo.

Hoy el desarrollo del subdesarrollo democrático en México es una realidad. No se ve en el presidente López Obrador su intención de retirarse a la vida privada. Él es un animal político y por lo mismo, oportunista, trepador y mentiroso. Algo propio del perfil populista de los políticos de tiempo completo que ambicionan el poder por el poder.

Hasta el momento la presidenta electa no ha mostrado su verdadero rostro. Lo cual es comprensible, pues aún no toma posesión. Tal vez después del primer día de octubre veamos algo nuevo ya que lo único que ha mostrado es una actitud gesticuladora sin originalidad, sin ideas innovadoras y se le ve feliz debido a que la oposición en nuestro país ahora será una sombra lánguida que cual fantasma melancólico se paseará por los corredores del palacio de San Lázaro.  

Revertir el avance del subdesarrollo de la democracia al que nos ha conducido el tabasqueño es también una responsabilidad social. Nos corresponde en calidad de ciudadanía, mediante la democracia participativa, detener el retroceso político e institucional que estamos sufriendo. No permitamos la dictadura de la mayoría, pues las mayorías también se equivocan. Critiquemos, formemos masas críticas y evitemos que el uso del poder se convierta en abuso de poder.