Bernardo López
Comienzan a construirse acercamientos de ideas entre los líderes de los partidos políticos con el disidente Ricardo Monreal, quien busca la candidatura a la presidencia de la República por el partido Morena, en donde tiene nulas posibilidades de éxito, porque ahí quien manda es una sola persona, la cual va a decidir el destino de todo ese grupo político (en tanto sea presidente).
Está bien que el líder en el Senado quiera participar y lograr ser el candidato por el partido que representa, tiene todo el derecho de hacerlo, a pesar de que no hagan deferencias hacia él desde Palacio Nacional y a regañadientes lo incluyan en la lista de los presidenciables.
El presidente Obrador corrigió su posición y ahora sí lo integra en la lista de competidores, pues cometió el error de catapultarlo al diferenciarlo de las “corcholatas”, elemento que Monreal logró capitalizar y lo impulsó en el imaginario colectivo.
Son evidentes las fisuras en el partido mayoritario, que se generaron en las elecciones de 2021, y que se convirtieron en fracturas, por más que las intenten maquillar con llamados a la unidad; ni el peje, ni nadie, va a poder contener los intereses de los grupos que están al borde de la colisión, pues el proyecto político se salió de control cuando se dio el arranque de salida a los suspirantes por la candidatura presidencial y reinauguraron las peleas de gladiadores en el país.
Ahora, cualquier movimiento del “peje” en contra de Monreal será benéfico para el segundo, pues será un peldaño más de legitimidad del político zacatecano para encabezar el frente, que podría agrupar a todos los partidos políticos de oposición, los cuáles no tienen un líder que pueda contrarrestar al “hombre de paja”. Además, de los cuadros que no fueron beneficiados por el “destapacorcholatas”.
En la conformación de este frente no cabe la soberbia ni la codicia, pues sí comienzan los acercamientos con esas actitudes no van a poder derrotar la maquinaria que ha construido Morena, que tiene grandes posibilidades de mantenerse en la presidencia otro sexenio. Sin embargo, sí se les puede derrotar y como ejemplo tenemos a la Ciudad de México, donde el partido mayoritario se quedó únicamente con siete alcaldías y corrió el riesgo de perder cuatro más, pero que logró rescatar.
De aquí al 2024 aún pueden pasar muchos eventos que podrían descarrilar cualquier proyecto político de los suspirantes, sin embargo, 2023 es el año de las definiciones y no podrían retrasarse más allá del día que se confirmen los resultados de las elecciones en el Estado de México y Coahuila.