Cuando a principios de enero se conoció que algunas personas estaban enfermas en China por un nuevo virus surgido en el mercado de animales de Wuhan, nadie imaginó que dos meses después la enfermedad llegaría a más de 100 países en todo el mundo y sería declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Así, y en línea con las últimas recomendaciones del organismo internacional de “adoptar medidas drásticas y se ataque en conjunto la proliferación del virus”, el “distanciamiento social” se presenta como una práctica para reducir el contacto cercano entre las personas y frenar la propagación del virus.
La paradoja de este momento es que, si bien se requiere un distanciamiento social para contener la propagación del coronavirus, el aislamiento social también puede contribuir a la mala salud a largo plazo. Entonces, es importante que no permitamos que tales medidas también causen efectos en nuestro bienestar físico y emocional.
Las preocupaciones por el estado de salud propio o de otros y las consecuencias laborales, la incertidumbre y la soledad, son solo algunas de las consecuencias que trajo en la vida de las personas el brote.
A pesar de que cada uno reacciona de modo distinto a situaciones estresantes, una epidemia infecciosa como el coronovirus puede generar rasgos comunes en lo que a salud mental y física se refiere. Para eso, la revista médica British Medical Journal consultó a expertos sobre cómo manejar las presiones diarias.