Hace cinco años, un gigante blanco se apostó a unos metros de la casa de Rosalinda Martínez López, ubicada en Unión Hidalgo, Oaxaca.
La mole metálica de más de 70 metros de alto que ella ve y escucha todos los días es uno de los mil 583 aerogeneradores que, con la promesa del desarrollo, se han instalado en el Istmo de Tehuantepec.
Aunque se le olvida que los molinos pertenecen a la empresa Desarrollos Eólicos de México (Demex), filial de la española Renovalia Energy, la mujer zapoteca de 56 años de edad recuerda que, cuando entraron en operación, en 2014, todos en el Barrio de los Palmeros (como se le conoce a su comunidad, porque ahí la gente vive de vender productos hechos con palma) creyeron que iban a prosperar y a tener dinero.
«Pero no, al contrario, tiene como tres años que estoy pagando más caro la luz. Yo antes pagaba 220 o 230 (pesos), ahora siempre pago 520 cada dos meses», cuenta la mujer.













