Rafael H. Rivera Puebla
El alertamiento y la visibilización de los riesgos parece que se están encontrando con una gran limitante, que es la alta sensibilidad de las nuevas generaciones de jóvenes que se han englobado bajo el denominativo de Milenials, aunque en realidad son más que ese grupo.
Uno de los primeros pasos para la Gestión Integral de Riesgos, es precisamente la identificación de estos, sin embargo, al tratar de ignorarlos sistemáticamente la vulnerabilidad aumenta y el riesgo persiste.
En la Ciudad de México, la autoridad ha realizado grandes esfuerzos, buscando mecanismos para la comunicación de riesgos, a pesar de ello, la gran diversidad sociocultural de la capital del país está haciendo esta labor prácticamente algo extremadamente complejo.
A pesar de ello, no se percibe que las alcaldías estén haciendo su parte, cuando se esperaría de estas un mayor acercamiento a la población dada la cercanía que tienen con ella.
La comunicación de riesgos, no es cosa fácil, ni de trivializar con la falsa idea de usar tal o cual aplicación ya que el conocimiento de la población objetivo y de sus propios intereses lleva a implementar de manera asertiva el mensaje que puede ser desde el alertamiento hasta el reconocimiento de los riesgos.
Se debe tener en cuenta que este debe ser un esfuerzo conjunto en los tres niveles de gobierno y que en esta búsqueda constante, se debería contar con equipos multidisciplinarios y en su caso con representantes de los pueblos originarios.
Una comunicación efectiva, incluye una sensibilización que solo se podría lograr con una cultura en Gestión Integral de Riesgos, en todos los niveles educativos.
Se ha avanzado, pero en materia de prevención, nunca demasiado es suficiente.
















