Rafael H. Rivera Puebla

Tal pareciera que cada día pasan más cosas en todo el mundo, gracias a las aplicaciones de alertamiento sísmico, nos avisan de movimientos telúricos en cualquier parte del mundo, de igual manera nos enteramos de erupciones volcánicas como la de Tonga y de grandes incendios forestales como los de Australia.

En principio suena bastante bien ya que nos permite estar al tanto de lo que sucede en todo el planeta y podría ser un gran auxiliar para abordar los grandes problemas de la humanidad, sin embargo, también está llevando a una ceguera de los peligros del entorno inmediato.

La comprensión de estos, va desde que los riesgos que pueden hacer que una sociedad sea altamente vulnerable a ciertos fenómenos, no es responsabilidad exclusiva de la autoridad hacerlos visibles, sino de todos.

Aunque en la Ciudad de México, al menos, existe un mecanismo de alertamiento temprano para una gran cantidad de fenómenos, se antojan lejanos por la falta de visibilización de estos,

De ahí que es importante que se pueda incidir con otros métodos, ya hemos comentado en este espacio la necesidad de una materia escolarizada para ayudar en la comprensión de los riesgos y poder actuar en consecuencia.

Lo ideal es que la sociedad en su conjunto, gobierno, población abierta y organizaciones, trabajen en conjunto para alimentar de manera continua el Atlas de Riesgos y que los mecanismos de Alertamiento Temprano, puedan ser efectivos, tanto como cuando nos enteramos de aquello que acontece en otras latitudes.

Mucha falta por caminar en este sentido, uno de los aspectos fundamentales es que al ver en las redes sociales que mucho pasa en el mundo, es porque disponemos de más información.