Miguel Ángel López Farías
“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, el grito de guerra de los familiares de los 43 revienta en los arrecifes de la conclusión del subsecretario de gobernación Alejandro Encinas, “todos están muertos”.
O sea, la verdad histórica es verdad, pero para calmar el dolor de los de “Ayotzinapa” deciden en la cuatrote aplicarles la receta del Vaporub. A la cárcel el exprocurador Jesús Murillo Karam… solo en este país se deja ir la artillería en contra de quienes “alteraron” las investigaciones y no se lanzan en contra de los autores intelectuales, los ejecutores del levantón, la paliza, la ejecución y la quema de los cuerpos… hasta los forenses argentinos llegaron a una conclusión similar.
A los estudiantes, quienes, hay que decirlo, ocupaban su tiempo en secuestrar camiones y muchas cosas que no tienen que ver con los libros y la docencia. Y no se nos olvide que en esta trama se esfumó un camión de pasajeros con una importante carga de heroína.
O sea, lo de los 43 no es ni por mucho un crimen de Estado, sino un infierno provocado por narcos y “activistas” muy cercanos a grupos criminales… lubricados por la corrupción policiaca en Iguala… y si, por elementos federales que sencillamente decidieron no apagar la pira humana.
Pero ya que sabemos esto, que los dichos del subsecretario nos regresaron a los días en que Murillo Karam lanzaba un “ya estoy cansado” y afirmaba lo que hoy es una conclusión.
Los jóvenes están muertos, Karam a prisión, la FGR emitiendo órdenes de aprehensión a diestra y siniestra (y don Alejandro Gertz no dejó pasar la oportunidad para darle un raspón a el jefe de la policía de la CDMX Omar García Harfuch como parte del equipo de la entonces PGR) mientras Gertz distrae al público y le quita golpes a su jefe (AMLO se cansó de decir que se haría justicia) la maldita pregunta que no es ni será respondida es: ¿Quién ordenó y encubrió el asesinato de los 43?
Que con los vínculos de José Luis Abarca, su esposa María de los Ángeles Pineda y una borrascosa red de narco negocios en los que operaban personajes vinculados a el gobierno de Ángel Eladio Aguirre Rivero y a la cúpula del entonces líder del PRD, recomiendo ver la hemeroteca del año 2014, digo, el que está pareja se encuentre en prisión no abre más el compás de implicados pues ,permítame la terquedad, se trató de una matanza y desaparición auspiciada por narcos con hilos conductores a figuras de peso local y nacional.
La banderita de las desapariciones ha sido muy redituable para muchos hombres y mujeres de izquierda, organilleros de la misma tonada de siempre “se hará justicia”, “tope donde tope”, “no somos iguales a los de antes” y todo ese mantra insultante y tan nuestro.
Los embaucadores se han quedado sin saliva, no hay escape, la historia les va quitando los dientes de leche y habrán de despertar en la más épica de las crudas.
Los 43 están muertos, pero no se van solos, los encubridores jalan al hoyo a Murillo Karam y a un puñado más, en tanto la verdadera verdad de esta narco ejecución se va enterrando.














